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Aquí hay una demanda categórica de que el cristiano cese de robar, y eso significa el robo de todo tipo. Esta no es una palabra dirigida sólo al ladrón profesional, sino que incluye tambien a todos los aficionados, y cubre todas las formas amateurs de robar, sin importar lo sofisticadas que sean. Incluye el robar en las tiendas, el evitar pagar los impuestos, el manipular los libros de cuentas, el tomar prestado sin devolver, obtener dinero de forma fraudulenta, anuncios falsos, estrategias taimadas para promocionarse, y cualquier otra cosa que pueda ser una forma de privar a alguien de su propiedad sin darles verdadero valor en pago. “El que robaba, no robe más”. ¡Deja de hacerlo! ¿Por qué? Porque, como nos dice este pasaje completo, esta es una expresión de esta vida vieja, egocéntrica, caída, de Adán, que parece ofrecer mucho inmediatamente. Esa es la motivación que lleva a la persona a robar. Quiere algo ahora, y robar parece el camino corto a conseguirlo, pero es un ansia engañosa. Te miente. Conseguirás lo que quieres, la meta inmediata, pero junto con ello también conseguirás lo que esta vieja vida siempre te da: producirá tensión, discordancia, angustia, frustración, derrota y muerte. No hay forma de evitarlo. Pero todo esto ha sido juzgado en la cruz de Jesucristo. Cuando el Señor Jesús colgaba del madero, las Escrituras nos dicen: “por nosotros lo hizo pecado” (2 Corintios 5:21). Se convirtió en un ladrón, se convirtió en un asesino, se convirtió en un mentiroso, un borracho. Oh, no hizo estas cosas Él mismo, pero las asumió; se convirtió, fue hecho, pecado. Él, que no hizo ninguna de estas cosas, Él mismo tomo nuestro lugar; ese es el significado completo de la cruz. Y cuando fue hecho lo que somos nosotros, Dios lo condenó a muerte, porque eso es lo que se merece la vieja vida. No hay nada bueno en ella; nada bueno puede proceder de ella, porque es carne egocéntrica. Eso es lo que robar siempre manifiesta: una total falta de preocupación por otra persona y un deseo totalmente egocéntrico de satisfacer tus propias necesidades y deseos. Eso es robar; por lo tanto, no ha de ser parte de la vida cristiana, porque eso ha sido juzgado y debe ser desechado.
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