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Man nützt also die Mehrsprachigkeit, um Filter zu bilden, die bestimmte politische Inhalte einer Manipulation zugänglich machen (und zwar in beiden Richtungen, also auch von der Landessprache in den europäischen Kontext).
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In conjunction with the European unification process, agreements made at the central level are translated into the respective national languages not only in the sense of a neutral harmonization of legal and administrative systems, but also with the not explicitly named objective of creating a scope for national politics. Hence multilinguality is used to form filters that make certain political contents accessible to manipulation (specifically in both directions, thus also from the national language to the European context). Translation in the narrower sense is not the only technique for controlling and “objectifying” political contents in this context. However, it is evident here how important it is to determine certain “terms” in representative political discourse and how important the question of a “national language” is for maintaining the relationships of representative power. This speaks for the necessity of translation processes (key word: sustaining linguistic diversity), but only to the extent that they do not destabilize the identity of the respective “national language”. This framework that distributes identities and differences in a certain way and seeks to channel and control them through the contents expressed through these identities and differences, could be contrasted with the “language of things”, which operates at levels that elude static distribution between identity and difference to a certain degree.
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En el marco del proceso de unificación europea, los compromisos adoptados a nivel central fueron traducidos a las lenguas nacionales particulares, no sólo con el espíritu de una armonización neutral de los sistemas jurídicos y administrativos, sino también con el objetivo, no nombrado explícitamente, de crear un espacio de juego para la política nacional. De este modo, se ha aprovechado el multilingüismo para construir filtros que hacen que determinados contenidos políticos sean susceptibles de manipulación (y esto en ambas direcciones, por lo tanto también desde las lenguas nacionales hacia el contexto europeo). La traducción en sentido estricto no es en este contexto la única técnica de control y “objetivización” de los contenidos políticos. No obstante, se muestra aquí cuan importante es el establecimiento de determinados “conceptos” en el discurso de la política representativa y cuan importante para el mantenimiento de las relaciones del poder representativo es la cuestión de la “lengua nacional”. Este concepto habla de la necesidad de procesos de traducción (la expresión clave es: conservación de la variedad lingüística), pero sólo en la medida en que éstos no hagan tambalear la identidad propia de cada “lengua nacional”. A este marco, que asigna identidades y diferencias de un determinado modo y que intenta canalizar y controlar los contenidos expresados por estas identidades y diferencias, se podría ahora contraponer “el lenguaje de las cosas”, que opera en niveles que escapan, hasta cierto punto, al reparto estático entre identidad y diferencia.
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