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Además, quería hacer una película que hablara de la familia en el sentido más evolucionado de la palabra. No de la familia clásica madre-padre-hijos, sino de familias monoparentales que también existen y que son igual de dignas. O familias conformadas por dos padres o dos madres. Porque también en España, cuando se estaba debatiendo la ley de matrimonios igualitarios, me sorprendió muchísimo cómo ante algo que parecía que estaba totalmente superado apareció una parte de la población que se oponía a esto. Y los medios de comunicación hicieron grandes debates en los que tuvimos que escuchar barbaridades como que un matrimonio así era antinatural y que el tema de la adopción era una aberración, que un niño no podía crecer de una manera sana ni normal en una familia así porque de adulto iba a tener muchos problemas en la vida. Analizando esta situación, la proyecté en el tiempo: ¿qué pasaría con un niño que vive con una familia conformada por dos padres o dos madres? Mi conclusión es que un niño lo que necesita es crecer en un ambiente donde haya amor y donde se le inculquen valores tan importantes, pero que se han perdido, como la honestidad, la solidaridad, el respeto hacia las personas que tienen una opción diferente… Un hogar donde se enseñe a no discriminar. Ésa es la línea argumental principal de
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