|
|
Cuantos conocimos al P. Manuel Feijoo, todos le hemos oído hablar en infinidad de ocasiones de la tía Isaura y de su hermana Celia. A ésta aún la recordamos como la musa y el personaje de la mayor parte de sus conversaciones y fraternales tertulias. Aquélla, la tía Isaura, fue sencillamente su madre casi carnal y sí para Dios. Madre casi carnal, porque doña Balbina Sousa, la madre de Manuel, murió cuando éste tenía sólo once meses. Nació Manuel en Outomuro (Ourense), parroquia de Mundil en el año 1926. Al día siguiente del óbito de su madre, la tía Isaura viene del vecino lugar de Santa Catalina a recoger al niño para criarlo y educarlo en su casa. Allí viviría hasta los 13 años, edad a la que ingresa como seminarista en el Convento franciscano de San Antonio de Herbón (Padrón). Lo que sabemos del P. Feijoo en estos años de infancia, nos lo cuentan sus hermanos, Odilo y Celia, y su íntimo amigo y vecino, puerta con puerta, el P. José Bugallo. “Manuel comezou a falar, dicindo o Padre Nuestro ou a Santa María... O primeiro que dixo non foi “mamá”, que foi “Santa María”. Este breve relato nos indica, muy a las claras, la clase de persona que era la tía Isaura de Santa Catalina, mujer que nació para “monja”, pero que se quedó en el siglo para servir al Pueblo de Dios. Y lo hizo con sus vecinos todos, pero, de modo especial, con su sobrino-hijo, el P. Feijoo. La tía Isaura era soltera y su cuidado ahora era ser madre de Manuel. Ella tenía unas pocas tierras de labranza y había que trabajarlas. A los 5 y 6 años, Manuel ya cogía la azada “e iba tamén diante das vacas”. Pero antes de ir a las labores cotidianas del campo, el día comenzaba con una larga caminata de 3 kilómetros, para asistir, fuere cual fuese el tiempo, a la Santa Misa en el santuario de Nuestra Señora del Mundil. Cuenta alguno de los testigos que, al principio, como el niño era pequeñito, la tía se lo llevaba en el colo. A los pies de la Virgen del Mundil y al cuidado de la tía Isaura, Manuel se iba haciendo misionero predicador. Y así fue que, ya a los 5 ó 6 años, en el cuarto grande de la casa, Manuel se construyó un púlpito con una silla, puesto su respaldo al revés, y desde allí predicaba a las visitas sus sermones y “ejemplos” del mes de mayo. Además del púlpito, se había fabricado un altar que él mismo se encargaba de que estuviese siempre adornado con flores de la lindante huerta de la casa (Casa, que por expreso deseo del P. Feijoo, hoy está convertida en capilla). A la tía no le gustaba
|