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Esas dos tribus tenían grandes rebaños de ganado y les había parecido que su territorio era uno de los mejores para el pastoreo. Quizás su elección se debió a egoísmo por tener para sí lo que consideraban más ventajoso. Si ese fuera el caso, Rubén y Gad querían lo que Dios no había planeado para ellos. ¿No había pastizales adecuados al oeste del Jordán? Como lo expresa Iain Duguid: “La tentación que enfrentaron los rubenitas y los gaditas fue establecerse en un lugar determinado por sus posesiones, no por la promesa del Señor. En última instancia, fue su economía la que impulsó su petición, no la teología. En efecto, pidieron establecerse en un lugar distinto al que Dios los había llamado a vivir porque les pareció más adecuado según su estilo de vida.”
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