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Tal como um arqueiro habilidoso, treinado, experto e testado, poderia com facilidade atirar uma flecha de luz que atravessasse a sombra de uma palmeira, suponha que da mesma forma eles fossem perfeitos na atenção plena, memória, narrativa e sabedoria lúcida.
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“Sariputta, existen ciertos ascetas y brahmanes cuya doctrina y punto de vista es este: ‘mientras este buen hombre es todavía joven, hombre de cabello negro dotado de la bendición de la juventud, en la primicia de la vida, es todavía perfecto en su lúcida sabiduría. Pero, cuando ese buen hombre llega a ser viejo, anciano, consumido por lo años, avanzado en la edad, cuando llega a la última etapa de su vida, siendo un hombre de ochenta, noventa o cien años, entonces la lucidez de su sabiduría se pierde’. Pero esto no se puede considerar en relación a mí. Soy viejo, anciano, consumido por lo años, avanzado en la edad, llegué a la última etapa de mi vida y tengo ochenta años. Imagina que tuviera cuatro discípulos de cien años de edad, perfectos en la atención consciente, con gran capacidad de retención, buena memoria y lucidez de sabiduría. Al igual que un hábil arquero que entrena, practica y se somete a pruebas, es capaz de disparar una flecha luminosa a través de la sombra de una palmera, así ellos están perfectos en la atención consciente, con gran capacidad de retención, buena memoria y lucidez de sabiduría. E imagina, Sariputta, que ellos me preguntasen continuamente acerca de los cuatro establecimientos de la atención consciente y yo les respondiese, cada vez que me preguntaran de tal manera, que recordarían cada una de mis respuestas y nunca preguntarían sobre cuestiones secundarias ni harían las pausas, salvo para comer, beber, ingerir alimentos, saborearlos, orinar, defecar y descansar con el fin de remover la somnolencia y el cansancio. Aún así, Sariputta, la exposición del Dhamma por parte del Tathagata, su exposición de los factores del Dhamma y sus respuestas a las preguntas, podrían no llegar a su fin, porque estos cuatro discípulos míos de cien años de edad, podrían haber muerto antes, al finalizar aquellos cien años. Sariputta, aún en el momento en que me llevases a mi lecho de muerte, no estaría cambiando la lucidez de sabiduría del Tathagata.
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