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Entre los miles de objetos recuperados en las excavaciones del puerto de Oiasso se han reconocido pequeñas porciones de lingotes de vidrio en bruto. Se sabe que la mayor parte de la producción de este material se realizaba en las costas de Asia Menor, debido a que la calidad de las arenas de esa zona, por su contenido en sílice, era muy apta para esos fines. Se elaboraba en grandes cantidades, fundiendo las arenas y solidificando el resultado en bloques que luego se partían y se transportaban en barco hasta Occidente. Sea cual sea el origen de los lingotes descubiertos en Oiasso, lo cierto es que están indicando la existencia de artesanos que los transformaban en objetos cotidianos: botellas, vasos, platos, ungüentarios, etc. Si bien, todavía, no se han encontrado los talleres en los que trabajaban esos vidrieros, se supone que lo hacían fuera del área urbana o en una zona marginal de la ciudad. De hecho, la proporción de elementos de vidrio entre los ajuares de la población es muy alta e incluye una buena variedad de vajilla. Los colores del vidrio son diversos, desde los tonos blanquecinos a los oscuros, dominando los azulados y verdosos con abundantes irisaciones. Usaban las técnicas habituales de soplado y molde, conociéndose, además, un ejemplo excepcional de vidrio tallado en el que se representa el rostro de perfil de una figura femenina en la que se adivina, el peinado, muy rebuscado, las facciones de la cara e incluso la existencia de un pendiente en el lóbulo de la oreja.
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