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En cuanto a las “ilegales”, heroína, cocaína, hachís, marihuana, ácido lisérgico, mescalina, éxtasis... había de todo. Las que más se consumían, heroína, en primer lugar, y cocaína, en segundo, y porros, desde luego. La droga nunca faltaba, entraba por todos los sitios, de infinitas maneras: por los paquetes seguía pasando, a pesar de los rayos X, tangada en unas zapatillas o en alguna otra cosa; por los permisos; por los “vis a vis”... Algunas veces porque la pasaba alguno para su consumo en pequeñas cantidades, pero casi siempre utilizando los traficantes algún indigente, y a su familia, como “burras”. Un carcelero que estuviera en el ajo, pagaba algo al de comunicaciones, cuando no era él mismo, para que no se cacheara al preso fulanito de tal. A este le daban un poco de droga para su consumo a cambio de que su familia le pasara cantidades importantes. También podía pasar por las comunicaciones “ordinarias”: la dejaban quienes la trajeran en un locutorio de la parte exterior y el guardia de comunicaciones hacía la vista gorda, se llevaba lo que le dieran y dejaba que los presos que iban a limpiar la recogieran y se la llevaran al traficante.
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