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La multitud es un nuevo ángel o, mejor dicho, el retorno del "ángel de la historia" en forma muy modificada y positivizada; un ángel completamente secularizado y subjetivo, un ángel–trabajador cristiano que no sólo profetiza el advenimiento de una futura libertad feliz, sino que se encamina inexorablemente hacia el Sol "en la cegadora luz del claro día".[2] El ángel de Imperio, al que Antonio Negri y Michael Hardt han llamado Multitud, representa una posición teórica en la que lo mesiánico y lo político ya no apuntan en direcciones diferentes. La convergencia positiva, que da como resultado un operaismo mesiánico —la Multitud es el bien y la Multitud vendrá— es probablemente lo que causa cierta incomodidad de este concepto; aunque, por otro lado, despierte respeto el que los autores insistan en la posibilidad del comunismo a pesar de tantas victorias del capitalismo y en contra de los funcionarios de la izquierda de tristes pasiones. El libro trata de una cuestión política pocas veces suscitada: ¿por qué sigue la gente adelante con todas esas malditas acciones, manifestaciones y discusiones inacabables? ¿Creen en lo que hacen? ¿No se sienten incómodos por ser siempre los que están allí con demasiada convicción y demasiadas palabras? ¿De verdad esperan un cambio radical? ¿O es que, simplemente, necesitan entretenerse en algo, sentir el alivio de un reconocimiento y por casualidad han elegido la política como su hogar, como su campo de distinción y de disciplina? Imperio responde a la pregunta con la religiosidad militante de quien cree: la multitud, como la forma en la que la subjetividad de resistencia emerge en el capitalismo avanzado, es espontáneamente comunista. Se beatifica por medio de la productividad en la pobreza, porque "el biopoder y el comunismo, la cooperación y la revolución continúan unidos en el amor, en la sencillez y, también, en la inocencia".[3] ¡Guau! Increíblemente religioso, increíblemente ferviente.
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