|
|
Rad za plaću, bilo da se obavlja na radnom mjestu ili na udaljenoj, telematski povezanoj lokaciji, očito se može nadgledati kako bi se provjerilo podvrgavanje pravilima [kamere za nadzor, telefonske provjere, brojači pritisaka na tipke, bedževi koji emitiraju radio signale itd.].
|
|
|
El trabajo asalariado, se lleve a cabo en una localización fija o en lugares distantes entre sí conectados telemáticamente, puede obviamente ser controlado para comprobar su adecuación a las reglas (mediante cámaras de vigilancia, exámenes telefónicos, contadores del uso del teclado, ‘pins’ radiotransmisores, etcétera). Pero la producción del trabajo free-lance, además, puede ser sencillamente rechazada por causa de cualquier irregularidad tanto en el producto como en las condiciones de su entrega. Es así que el control de sí interiorizado se convierte en una necesidad vital para el trabajador autónomo y la trabajadora autónoma. Los productores y productoras culturales no son una excepción en la medida en que ponen a la venta su propia subjetividad: excepto en los niveles más altos de la expresión artística, son norma las formas sutiles de autocensura, al menos en lo que respecta a la relación laboral que mantienen con sus fuentes principales de ingresos[36]. Pero los efectos quizá más profundos e insidiosos provienen de la inscripción de los ideales culturales, artísticos y éticos –que antes eran valiosos por el hecho de ser permanentes– en los ciclos rápidamente cambiantes de la valorización capitalista y de la obsolescencia. Entre los procesadores de datos de la economía cultural –lo que incluye el conjunto de la producción mediática, el diseño y el espectáculo, así como formas variadas de oferta de servicios y consultoría, terapia, educación, etcétera–, está más extendido el cinismo despolitizado que la autocensura. Tal como describe Paolo Virno:
|