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176Pero luego, con el advenimiento del Último Día, apareció alguien más sabio que los eruditos y maestros seguidos por la gente de esa época.1 Esta persona comenzó a cuestionar, una por una, las doctrinas propugnadas por los primeros maestros y estudiosos, y a criticarlas señalando que diferían de las escrituras en las cuales se basaban. Apoyándose sólo en los sutras, esclareció que, a la hora de formular sus doctrinas, los eruditos y maestros no habían sabido distinguir entre los sutras expuestos en la primera etapa de la prédica del Buda y las enseñanzas predicadas después, o entre doctrinas superficiales y profundas. Denunciados de tal forma, los seguidores de estas doctrinas vieron que eran incapaces de defender las teorías erróneas postuladas por los fundadores de las diversas escuelas, y no supieron cómo responder. Algunos, ante la duda, declararon que los eruditos y maestros con seguridad debían de haber identificado pruebas documentales en los sutras y tratados, pero que ellos, al carecer de la sabiduría necesaria, no estaban capacitados para defender sus doctrinas con solvencia. Otros, también en la duda, admitieron que sus maestros habían sido sabios y hombres doctos de los tiempos pretéritos, pero no así ellos mismos, personas ignorantes de la última época. De tal forma, convencieron a gente virtuosa o influyente de que se aliara con ellos, y se opusieron de manera frontal a aquel que cuestionaba sus creencias.
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