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El Pakistán recurre en gran medida a los impuestos indirectos (incluidos los aranceles aduaneros), que representan el 71 por ciento del total de los ingresos fiscales. El sistema tributario comprende una multitud de impuestos, a menudo aplicados sobre una base muy limitada debido a la existencia de numerosas concesiones, si no exenciones, que en algunos casos incluyen tipos elevados. Este sistema puede distorsionar los precios internos y, por lo tanto, puede constituir un importante obstáculo a la asignación eficiente de los recursos y es excesivamente complejo (y por tanto opaco). Además, la administración de los impuestos tiende a ser deficiente y la evasión fiscal endémica por culpa de la extensión de la economía informal (según la información disponible, en 1999 menos del 1 por ciento de la población pagó impuestos sobre la renta). Con objeto de hacer frente a estas deficiencias, se han tomado medidas para reformar el sistema, entre ellas, modificaciones significativas del Impuesto General sobre las Ventas (IGV), que, desde el anterior examen, ha sustituido a los impuestos sobre el comercio internacional como principal impuesto indirecto, un sistema de autoliquidación tributaria destinado a ampliar la base del impuesto sobre la renta, la disminución del contacto personal entre los contribuyentes y los recaudadores de impuestos, la adopción de medidas drásticas contra la evasión fiscal, y la imposición, a nivel provincial, de un impuesto sobre la renta agrícola a los agricultores con altos ingresos, por lo que se ha puesto así en condiciones de mayor igualdad a las actividades agrícolas y no agrícolas. Además, se han suprimido el impuesto sobre el patrimonio y dos impuestos locales (Octroi, Zilla).
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