|
|
The Councils had with one accord referred the matter to their pastors, and the latter, though expressing themselves in differing terms and in guarded language, urged that Servetus was plainly guilty, and that all due means ought to be used to rid the churches of him, especially lest they get a bad reputation for harboring heretics.
|
|
|
Las respuestas de las distintas iglesias llegaron por fin. Los consejos habían remitido, de común acuerdo, el asunto a sus pastores y éstos, a pesar de expresarse de modo distinto y haciendo uso de un lenguaje cauteloso, consideraron que Miguel Servet era claramente culpable y rogaban que se utilizaran todos los medios posibles para liberar a las iglesias de su presencia, en particular para prevenir que éstas ganaran mala reputación por albergar a herejes. Ante tal unánime consejo, sólo había una decisión que tomar, y pasados unos días, se aprobó que Miguel Servet fuera condenado a ser llevado al barrio de Champel para, al día siguiente, ser quemado allí junto a sus libros. La quema había sido durante siglos la pena imputada por herejía según la ley del Imperio y cuando Calvino revisó las leyes de Ginebra, dejó este punto como estaba. En este caso, intentó que la decapitación sustituyera a la quema pero el asunto estaba fuera de su control. Cuando se anunció la sentencia a Miguel Servet, éste se derrumbó por completo, pues él había esperado la absolución o en el peor de los casos, el destierro. Pronto recuperó la compostura, envió llamar a Calvino y le suplicó su perdón. Farel, ministro de Neuchatel, había llegado esa mañana a petición de Calvino. Intentó que Miguel Servet renunciara a sus ideas para poder, así, salvar su vida pero Miguel Servet se mantuvo firme a sus convicciones. Tan sólo imploró otra forma de muerte por miedo a que el sufrimiento en la hoguera le obligara, al final, a tener que abjurar. Farel le acompañó hasta el lugar de la ejecución, donde se había reunido una gran multitud, y allí murió rezando una plegaria (27 de octubre de 1553).
|