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Considerados en su sucesión diacrónica, los dramas del Siglo de Oro español sobre la reina de Cartago y la matrona romana ponen así de manifiesto las cambiantes tendencias ideológicas de la época. En general, se señala una transición de lo trágico hacia lo cómico en la cual la tragedia de Rojas constituye la excepción lo que supone una desmitificación del mito o la saga y de la protagonista como personaje. Las presentaciones dramáticas de las dos mujeres mitológico-legendarias ofrecen, no obstante, unas facetas ideológicas que significan un enriquecimiento con respecto a su Nachleben en la poesía y la prosa españolas. Como protagonistas de una obra teatral, la cartaginesa y la romana cobran nuevas dimensiones: situadas en la red de relaciones y acontecimientos en que consiste la acción dramática en su totalidad, las vemos presentándose desde dentro, desde su propia interioridad, destacando su perspectiva y sus motivaciones personales. La posibilidad de aprovechar, además, la dimensión espacial y visual que ofrece la obra teatral, usándola como signo metafórico o simbólico de una acción abstracta o psíquica, contribuye también a una elaboración e interpretación más rica del material. Actuando como personajes dramáticos en el escenario español del siglo XVI o XVII, Dido y Lucrecia, cada una con su historia específica, ganan en volumen y significado, pues son más que meros ejemplos o material de comparación o meros objetos de idealización y degradación: se presentan como seres humanos, movidos por ideales, sentimientos u otras motivaciones de mayor o menor hondura, y, justamente por la actualización del fondo ideológico, reconocibles para un público del siglo XVI o XVII.
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