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Participó con cuadros de género en numerosas exposiciones provinciales, entre otras las celebradas en Cádiz (1856, 1864, 1879 y 1880), Sevilla (1856, 1858 –medalla de plata por un lienzo de costumbres andaluzas–, 1867 y 1878), así como en todas las Nacionales de Bellas Artes de Madrid (entre los años de 1858 y 1890). En la de 1858, su obra La procesión del Corpus en Sevilla (Madrid, Museo Nacional del Prado), del año anterior, obtuvo una mención honorífica de segunda clase y fue adquirida por el Estado. Tanto en esta pintura como en la Procesión del Viernes Santo en Sevilla (Sevilla, Reales Alcázares), de 1862, representó, con gran minuciosidad, personajes y detalles arquitectónicos de la ciudad, lo que da a estas obras gran valor documental. Muchos de los personajes son, a pesar de su pequeño tamaño, retratos, género que también cultivó. Entre otros, realizó los de Manuel Barrón para la Academia de Bellas Artes de Sevilla; Antonio Cabral Bejarano, Nicolás María Rivero y otros para la Biblioteca Colombina de Sevilla; Juan García de Vinuesa y José Luis Albareda (Ayuntamiento de Sevilla); Javier Lasso de la Vega (Academia de Medicina de Sevilla); así como su Autorretrato (Madrid, Museo del Romanticismo), fechado en 1851. En el cuadro de historia, menos importante en su dedicación, destacan La Santa Cruz sobre las aguas y La caída de Murillo del andamio (ambos en el Museo de Bellas Artes de Cádiz).
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