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The move from poems in free verse to the over-structuring of a baroque collection was a brusque change of tack but the silence that greeted El dolor de cada dia, which attempted to be a simple work that, according to Vidal, partook of the spirit of social art, fully justified the switch to a more obscure poetry.
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El parecido entre Salern y Bearn, espacios morales que sirven de refugio a rancios valores en decadencia, no es nada extraño. Jaume Vidal invoca en repetidas ocasiones la maestría de Villalonga [...]. Pero no son las coincidencias puntuales lo que acerca a los dos escritores, sino la voluntad de mitificación de la realidad. Así se configura el ciclo de Els anys i els dies [Los años y los días]: después de Tertúlia a Ciutat y de La vida fàcil se editan Els intocables [Los intocables] (1987) y Els sants innocents [Los santos inocentes], publicada en 1989 y datada en Palma el otoño de 1964; Els darrers dies [Los últimos días], conclusión del conjunto, es inédita. Si entre el segundo y el tercer libro en prosa hay una distancia de trece años, entre El dolor de cada dia y Dos viatges per mar [Dos viajes por mar] -tercera compilación de poemas publicada por Jaume Vidal- hay un salto de ocho años. Dos viatges per mar ganó el premio de poesía Joan Alcover en 1961, pero no se publicó hasta cuatro años más tarde, en 1965. El prólogo que lo encabeza representa, sorprendentemente, el tratado de paz con la escuela mallorquina: una reconciliación que, real o ficticia, deja el autor con el espíritu libre para promover nuevas batallas: a partir de ahora el enemigo serán los críticos barceloneses. También hay un paréntesis importante entre la génesis y la publicación de los Sonets a Eurídice [Sonetos a Eurídice], empezados antes de 1955 y no publicados hasta 1967, después de haber sido presentados, sin éxito, al premio Ausiàs March de Gandia 1959 (que ganó Pere Quart con Vacacions pagades) y al Joan Alcover de 1960 (que se llevó Baltasar Coll) y de haber sido galardonado, finalmente, con el premio Mossèn Alcover, convocado por las Joventuts Musicals de Manacor. El paso de los poemas en versos libres a la sobreestructuración de un libro barroco constituyó un viraje brusco, pero el silencio con que fue recibido El dolor de cada dia, una compilación que pretendía ser accesible, y que, según el autor, participaba del espíritu del arte social, justificaba plenamente el cambio hacia una poesía más oscura. Este giro continuará en los Sonets alexandrins [Sonetos alejandrinos]. Más distendida en la rima, pero igualmente constreñida por el decasílabo, la suite El fill pròdig es un conjunto de madurez.
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