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Creo que hay que señalar un aspecto tan central como extraordinariamente sensible: no es un asunto sencillo el de «valor de las fuentes» de un testimonio (si puedo, por así decirlo, hacerme en un instante una «traducción inversa» de lo que tú abordas como su «valor de verdad», me gustaría buscar a tientas esa determinación de un lugar de la «verdad» / de la «promesa»...). Si se emprende esa reducción, ¡se debilita precisamente lo que constituye su potencialidad de irrupción en la epistemología! Me gustaría meditar sobre la «subsistencia» o sobre lo que tú evocas como «valor expresivo» o «presencia específica», mientras planteo la cuestión acerca de cuál puede ser la modalidad temporal del ahora inmediato: con las denominaciones diferenciadoras de «y» –allí (y no «aquí»)– y «étais» –estuve (y no «estoy»)– la retórica del testimonio marca verosímilmente una pretensión de evidencia inmediata en tanto que cuerpo-yo en la percepción a través de (o de su) otro: ante los cuales, si yo estoy aquí, estaba allí... –Ahora bien, ¿cuándo es aquello a partir de lo cual luego la certificación de esa evidencia puede tratar de hacer referencia a ese otro en un discurso traductor o en una nueva escritura movida por el deseo del oyente, en el sentido de la utilización del medio? En la tradición de la «Historia» que se ocupa el pasado, por regla general el campo del presente adjudicará la política mientras que el futuro es abandonado a los dioses. De tal suerte que podría decirse que la idea de la inmediatez, que interconecta lo pasado, lo presente y lo futuro, queda completamente oculta por esa división del trabajo. La temporalidad del ahora inmediato es en la epistemología histórica un punto tan mínimo, tan fugitivo, que transcurre como algo que nunca puede atraparse al vuelo y que siempre se esfuma tan pronto como aparece. Podría pensarse su presencia, con Agustín de Hipona, («Si nadie me lo pregunta, sé lo que es, pero cuando tengo que explicárselo a alguien que me pregunta, no sé lo que es»)[19] como eternidad o como olvido... –o, siendo más cautos, ante todo como el momento en el que los tres elementos de la temporalidad quedan en efecto recogidos, pero implosionan: el recuerdo de las cosas pasadas (presencia del pasado), el mirar, el observar, el preguntar (presencia del presente en la praxis), la anticipación y/o la espera [(Er-)Warten] (presencia del futuro). Allí donde todo esto es al mismo tiempo, estaríamos ante una modalidad temporal más allá de las continuidade
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