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Pero, probablemente, donde la convergencia entre espacio público y patrimonio se ha hecho más intensa es en la recuperación de los patrimonios olvidados, casi invisibles. Frente a edificios y conjuntos bien reconocidos por pertenecer a las etapas históricas anteriores a la industrialización, hay una serie de estructuras que han tenido que ver con el mundo de la producción y el trabajo, de la ingeniería y de la técnica, de las infraestructuras, etc., que no han alcanzado todavía ningún tipo de categoría de protección patrimonial, pero que, en cambio, pueden haber preservado una memoria histórica muy viva. Aquí es donde, seguramente, la reconquista del espacio público ha desempeñado un papel más crucial en la salvaguarda de estos patrimonios, sobre todo, de la arquitectura industrial, de los corredores ferroviarios desafectados, ahora reconvertidos en vías ciclistas y peatonales, de los antiguos espacios portuarios, etc. Son los casos de la Explanada cultural «C-mine»de Genk (Bélgica), el corredor «Baana» de Helsinki y la Apertura del puerto de hidroaviones de Tallin (Estonia), que ha servido para abrir, simultáneamente, un antiguo hangar de hidroaviones como sede museística y la ciudad al mar. En paralelo, antiguas construcciones utilitarias, como los aljibes medievales de la Plaza del Torico en Teruel, son recuperadas como patrimonio visitable en el momento en que la plaza recobra su valor de centralidad urbana al eliminar los coches y dignificar el lugar a través del diseño cuidadoso de elementos tan importantes de la gramática del espacio público como son la pavimentación y la iluminación.
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