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Great efforts are being made by thinkers and analysts, including urban planners, in the face of the loss of public space and the decline or urban culture, to look at cyberspace as a new form of public space in which people can meet up again in the electronic agora. I refer, for example, to Michael Benedict, or to the ideas of Howard Rheingold in The Virtual Community, where cyberspace is seen as a new space of sociability.
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Hay también intentos más limitados, pero interesantes a subrayar, que son las ciudades reales que construyen el sistema de ciudad virtual participativo. Y más que hablar en general daré dos ejemplos que son entre lo más desarrollado en Europa y sobre los que existen algunos datos. La ciudad digital de Amsterdam y el programa Iperbole de Bolonia. Son dos cosas que han estudiado con algún detalle Stephen Graham del Centre for Urban Technology de la Universidad Newcastle, y sobre los cuales disponemos de algunos datos, en particular los que yo pude obtener a través de mi propia visita real a la ciudad digital de Amsterdam. Los dos fueron creados en 1994. La ciudad digital de Amsterdam no es del Ayuntamiento sino que está financiada por una fundación privada, sin lucro, y está organizada como ciudad en secciones temáticas, cada una con una plaza que aparece físicamente, sobre viviendas, sobre finanzas municipales, sobre cultura local, sobre trabajo, sobre medio ambiente. En el centro de estas plazas temáticas hay la información de las organizaciones y alrededor hay los edificios, las casas donde la gente, que está registrada en la ciudad virtual, 35.000 en el caso de Amsterdam, puede poner su propia información sin costo. Se estructura así una interacción entre la gente de estos edificios y la información de las organizaciones en la plaza. Además hay un programa de texto llamado Metro, que permite la interacción directa entre los ciudadanos que incluso pueden, y lo hacen, casarse virtualmente, formar familias, elegir el alcalde virtual de la ciudad, es decir, vivir en esta ciudad virtual, discutir sus problemas y relacionar los problemas de la ciudad real con la ciudad virtual. Además, en Amsterdam han hecho un esfuerzo especial para que haya terminales públicas donde la gente pueda entrar en esta ciudad virtual y las organizaciones de grupos sociales marginados han recibido adiestramiento especial y programas especiales para poder interactuar. También hay en algunos cafés y lugares públicos ordenadores especialmente diseñados para los niños.
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