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Entonces cuando ya estábamos, estaba más grande yo este, que ya me había casado salió una platiquita de la UTC y decían que habían que incorporarse y por medio también de los catequistas, iban dando una lusita que habían que organizarse en la UTC. Pues yo me organicé, en la UTC y hacíamos reuniones, así en los montes, porque era prohibido para la fuerza armada que nosotros los reuníamos. Y cuando llegaba por ejemplo, los guardias, antes había Guardia, llegaban al valle “¿y aquí quienes son de la UTC, no saben usted? “, “no aquí no se platica todavía de la UTC”, y entonces a cualquiera le preguntaban los guardias. Pero entonces entopaditita no más; no los mataban sólo los regañaban y les daban sus palos o con el fusil les daban en el pecho sus patadas per no, entonces se iban para otro valle a preguntar quiénes eran de la UTC, ¡y nosotros cómo íbamos a decir! Yo, nosotros, había un secretario general que convocaba la gente y los íbamos a los montes, montes gruesos allá a… según las gente que íbamos conquistando se iba haciendo más grande el grupo y más grande y dando de allí, sacaban un secretario general, uno de finanzas, pero que, uno que, no me acuerdo cómo le decían, uno que, pero eran cinco del grupo: uno que tenía un cargo, otro de otro; ya yo después me pusieron de producción y había uno de, no me acuerdo como, de finanzas otro de propaganda, sacaban, le llevaban boletines a las maletas y la llegaban a tirar en la noche en los valle y decía la UTC y entonces donde se empezó eso, la Guardia más brava subía a el valle, a todos los valles. Cuando uno iba a trabajar como de aquí a ese palito “votá el machete” le decían a uno, tenía que votarlo, si lo tiraba así, no; tenía que aventarlo lejos, y entonces ya llegaban donde uno: “¿cómo te llamas vos?; fulano de tal “¿cómo decís que te llamas?”, Fulano de tal, ¡Pam! la pescozada así, que lo oiba uno de oír chiquirinis cantar, aquí en la oreja le daban. A pues y así varias cosas, y después llegaban a los valles, civiles como uno, pero con fusil y la tro… y los guardias, a matar ya a la gente, topaba no más. La primer vez como uno confiado, mataron seis en el valle de La Joya, de Las Lomas, para allá otro valle y de allí ya no dormíamos en las casas de allí huyendo, durmiendo en los montes.
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