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La Condesa lamenta las infidelidades de su esposo, Porgi, amor, qualche ristoro (Dame, amor, algún remedio). Llegan Susanna, su doncella, y Fígaro, que le dice que le ha mandado al Conde una carta anónima en la que le hace creer que ha concertado otro hombre. Sale Fígaro, y entra en ese momento Cherubino, que canta a la Condesa su amor, Voi che sapete che cosa e amor (Vos que sabéis qué es el amor). La Condesa y Susanna le disfrazan de mujer, y citan al Conde a una entrevista con Susanna, a la que en realidad asistirá Cherubino. En ese momento, aparece el Conde, y Cherubino se tiene que encerrar en una habitación. La condesa le dice al Conde que es Susanna quien se ha encerrado allí, y él intenta derribar la puerta. Mientras, Susanna, también escondida, ayuda a salir de la habitación a Cherubino y se pone en su lugar. Finalmente, la Condesa confiesa al Conde que es Cherubino quien está ahí, pero al abrir la puerta, aparece Susanna, y tanto la Condesa como el Conde se quedan muy sorprendidos. Entonces, la Condesa, reponiéndose, le dice que fue una artimaña para poner celoso al Conde. Entra el jardinero, Antonio, quejándose de que alguien rompió sus macetas al saltar de una ventana. Entra Fígaro, y dice que fue él, pero Antonio muestra un papel que perdió el que saltó por la ventana, que resultan ser las credenciales de Cherubino. Fígaro dice que es que Cherubino se lo había dado porque faltaba un sello, pero el Conde no queda convencido con la explicación. En ese mismo momento, aparece Bartolo y Marcellina de nuevo, que reclaman al Conde el cumplimiento de su demanda, su boda con Fígaro.
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