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No yo no quise ir. Yo no quise ir. Me decían, Berta, vámonos. Y fíjese que yo, como usted sabe que uno no andaba como en su casa que yo tenía ropa. Yo cuando se fue mi nuera que andaba así que iba a tener bicho, se fue para Las Mesas. Yo le daba la razón porque con la gran barriga no podía andar. Entonces me habían dejado… Aquí tuvo al chino ella, en Aguacayo. Y me dejaron el pedacito como de tricot, porque yo no tenía ni con que taparme. Y mire, Paco, ni porque iba para allá, que allá les daban ropa y de todo, y me lleva el chilingo que yo me tapaba y yo quedé sin nada para taparme. Pues él se fue a estar allá un año. Mire, se fue Paco para Las Mesas, se fue el papá de él; se fue Alexander, el papá de la Roxana, pero que allá estuvieron todos ellos. Mi tío Toño, el papá de Paco. Mire, allá les daban de todo, carpetas de esas negras, mire. Nadie fue digno de mandarme siquiera para que se tape. Y Ana María, como era hermana mía, y con mi tía Toya vivía ella antes, le mandaban cortes, le mandaban los grandes pedazos de nylon, negro, y yo ahí con esa otra nuera que tuvo el niño ahí en el campo, ahí por Nueva Trinidad. Ahí tuvo el niño y sin, sin… ni pañales ni nada. Pues Saúl, ese día el hijo mío, lo mandaban para Cabañas. No, les dijo él, porque mi mamá anda ella solita. No se quiso ir para Cabañas a cuidar la Farabundo. Porque yo sola andaba.
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