|
|
Since, she argued, the professions as currently practiced encourage qualities that lead to war—grandiosity, vanity, egoism, patriotism, possessiveness, combativeness—women must not simply become educated professionals but do so differently: “How can we enter the professions and yet remain civilized human beings; human beings, that is, who wish to prevent war?”[3] Women can help, she suggested, by refusing to be deferential to the esteemed professions and instead considering it their duty to express the opinion that professional customs and rituals are contemptible.
|
|
|
Estando a punto de comenzar la Segunda Guerra Mundial, Virginia Woolf aconsejaba a las mujeres que recordasen la “burla” de la que desde mucho tiempo atrás venían siendo objeto, para aprender cómo hacer uso de ella. Tres guineas, su ensayo clásico de pensamiento ético-político, cuenta la burla entre los grandes “profesores” de las mujeres[1], por haberles enseñado el comportamiento y los motivos que mueven a los seres humanos, es decir, su psicología; un campo que Woolf, como muchos otros teóricos y teóricas de izquierda hoy, no separaba de lo político[2]. Antes de escribir el libro, a Woolf le habían pedido colaborar con tres organizaciones, cada una de las cuales promovía una causa diferente: la educación de las mujeres, su ascenso profesional y la prevención de la guerra. Al menos de eso presume el libro. Respondió poniendo en relación los tres movimientos, dejando claro que para ella la meta del feminismo no era solamente alcanzar la igualdad para las mujeres sino también lograr una sociedad mejor, menos belicosa. Dado que, argumentaba, las profesiones tal como se ejercen actualmente fomentan cualidades que conducen a la guerra —grandilocuencia, vanidad, egoísmo, patriotismo, posesividad, combatividad—, las mujeres no sólo deben educarse para acceder a las profesiones, sino que también deben hacerlo de manera diferente: “¿cómo se puede ingresar en las profesiones y seguir siendo seres humanos civilizados, es decir, seres humanos que desean evitar la guerra?”[3]. Las mujeres pueden ayudar, sugería, rechazando ser respetuosas con las profesiones más apreciadas, asumiendo que deben expresar la opinión de que las costumbres y rituales profesionales son despreciables. ¿Y qué mejor manera de cumplir esa tarea que por medio del humor, el cual, como señala Mignon Nixon siguiendo a Freud, descarga la energía psíquica, tiene efectos placenteros e “incita a desafiar lo respetable”?[4]. El humor de Woolf era del tipo que Freud denominaba “tendencioso”. Servía al propósito de criticar la autoridad, y al igual que los chistes hostiles explotaba “alguna condición ridícula de nuestro enemigo”[5]. He aquí un ejemplo de sus observaciones sobre el atuendo profesional:
|