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Nuestra sangre suministra oxígeno y nutrientes a todos nuestros órganos, articulaciones y músculos, es decir, a todas las células de nuestro cuerpo. Por consiguiente, una buena circulación es un requisito indispensable para el mantenimiento de las funciones fisiológicas y, por lo tanto, es fundamental para nuestra vida. En general, una buena circulación en nuestro sistema cardiovascular es fundamental para mantener o restablecer el buen estado de nuestra salud. Para ello, la microcirculación, como parte importante de la circulación general, desempeña un papel decisivo. Ya los pequeños problemas microcirculatorios en órganos individuales tienen efectos importantes en nuestra vida diaria. En el marco de la prevención sanitaria, deberá prestarse atención también a las señales de alarma indicadoras de una microcirculación mala o reducida. Las posibles señales son muchas, por ejemplo, tener las manos siempre frías, hormigueo, entumecimiento o dolor en las piernas, dolor en los glúteos o en los muslos, dificultades para caminar, migrañas, problemas de concentración, zumbidos en los oídos, trastornos del sueño y cansancio frecuente. Pero, ¿qué es la microcirculación? A continuación encontrará una sencilla explicación.
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