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Eh, los dieciocho los llevaron a la Comandancia de la Guardia, estaba aquí, ahí la casa hoy es una casita de dos plantas enfrente del Convento, ahí era la Comandancia de la Guardia, ahí los tuvieron; ahí todos esos días los torturaron, a mí me colgaron de… siempre amarrados con las manos atrás y de los dedos, verdad, con las manos atrás en medio de los dedos tiraron el lazo y me rizaron para arriba, o sea que una queda como avioncito así verdad, tipo avioncito y después se colgaba un guardia de las patas para abajo para que estirará y todas estas partes de aquí de uno siente que como que si se le destraban, si apenas nosotros, pues sí. Y, después viene un guardia y como uno está como tirado así como tipo avioncito, nos pusieron unos fusiles entre medio de los brazos y la espalda, después viene otro guardia y se siente al lado y dice: “Yo no me gusta torturar, yo no torturo, dijo”, lo que hacía era que andaba dos guías eléctricas y las chocaba así, verdad, y esas me las ponía en los brazos y en el pecho, estando colgado. Pero lo que quiero decir de que yo ya no, quizá ya no contaba con vida, porque como uno estaba boca abajo, la parte del suelo, este, modado, que goteaba sudor de aquí de la nariz, así, como deshidratándome, eso quedó mojado así la parte del suelo, después cuando me bajaron como un puño de huesos al suelo de un solo chollón, porque no andan con lástima de decir lo vamos a bajar con cuidadito, uff, hacia abajo. Y Después me dice un guardia porque entre unos y otros, hay unos más buenos que otros me dice: “sentate aquí” me dijo, “ahí hay una cama tijera, sentate aquí” me dijo. Viene otro guardia y me dice: “bueno y quién te ha sentado ahí”, me zampó una pescozada, unas patas, “aquí sentate” me dijo; en el suelo. Cosas que son tortura ahí sufrimos pescozadas, culatazos, patadas, insultos; bueno después que nos torturaron nos pasaron a la cárcel que está aquí en la Alcaldía, ahí era la cárcel, ahí estuve todo ese día, ahí dormimos; bueno yo ahí dormí, en la noche ahí dormimos todos. Todos medios golpeados, otros pues sí. Los que estaban más buenos les daban de comer a los que no podían comer, porque quedamos juntos, no podía comer, yo no podía agarrar tortillas con las manos, otros nos daban en la boca. Este, el siguiente día en la mañanita sacaron a todos los compañeros y los pusieron a trabajar en una calle que iban haciendo ahí por La Cañada para arriba, pero siempre custodiados por los soldados, porque había un contingente de soldados en es
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