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Fue durante varios años el proveedor de aquellos pobres desgraciados. Su casa era la que contribuía a las necesidades corporales, así como a las espirituales de aquellos desgraciados. Hasta que la Divina Providencia quiso inspirar a una persona rica, que murió hacia el año 1639, dejar en testamento seis mil libras de renta, para que las aplicara la Sra. N., hija y heredera suya, siguiendo el consejo de algún eclesiástico, para alivio de los criminales condenados a galeras. El Sr. Vicente, no sin molestias, después de haber hecho muchas solicitudes, y sufrido varias negativas de parte del marido de la señora, obtuvo por fin de él y de ella, por mediación del difunto Sr. Molé, por entonces Procurador General, que asignaran fondos suficientes para asegurar la renta, y así lo hicieron. Esta señora conoció por el Sr. Vicente el estado deplorable a que estaban reducidos los forzados, antes de que nadie cuidara de ellos, y cuán importante era perpetuar la ayuda. Tomó ella con mucho interés este asunto, y consintió, después de haber hablado varias veces con él, que el Procurador General tuviera la administración temporal a perpetuidad. Más tarde quiso que hubiera Hijas de la Caridad destinadas al servicio de los pobres forzados, en especial de los enfermos, e hizo asegurar su sostenimiento con la misma renta de seis mil libras. Como se pretendía que los Señores Eclesiásticos de san Nicolás du Chardonnet fueran los encargados de administrar los sacramentos a aquella pobre gente, y de enterrar los muertos, porque vivían en aquella parroquia, el Sr. Vicente aseguró que la carga resultaba muy grande; y algunas señoras, puestas de acuerdo con el Sr. Vicente, lograron que les concedieran trescientas libras de renta a condición de decirles la Santa Misa, de darles charlas y catequesis, y prestarles otros servicios espirituales. Los de San Nicolás siempre han cumplido, y cumplen aún hoy, muy dignamente y con una gran caridad ese cometido. Pero eso no ha impedido que el Sr. Vicente haya hecho dar misiones de vez en cuando a los pobres encadenados, particularmente, cuando se acumulaban en gran número, y cuando estaban para ser llevados a las galeras, y así consolarlos y disponerlos a hacer buen uso de sus tribulaciones
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