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In diesem Sinne sind die Geschichten, die die Call-Center-Arbeiterinnen von ihrer Arbeit erzählen, besonders aussagekräftig: Sie handeln vom Zuhören, vom Lächeln (Lächeln durchs Telefon, obwohl sie dich nicht sehen können damit die Stimme freundlich klingt) und vom späteren Weiterleiten an eine andere Stelle,
oder dem einfühlsamen Hinhalten.
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Por su parte, la atención como actividad diferenciada constituye un elemento nuevo. Esa capacidad de escucha y empatía tan asociada a los modelos de feminidad, pero también a las actividades concretas reservadas históricamente a las mujeres (tanto en los ámbitos del cuidado, como del sexo) se aísla como función específica y se pone a trabajar para la naciente industria de la atención, en sus diferentes variantes: telemarketing, televenta, teleasistencia, servicios de atención al cliente... De este modo, la atención, intercambiada por dinero en función de un patrón temporal de medida, se separa de la comunicación encarnada, aquella que produce relación duradera, confianza y cooperación, y da paso a un intercambio funcionalizado y no implicado de códigos (palabras y gestos). En este sentido, los relatos que hacen las propias teleoperadoras de su trabajo son suficientemente expresivos: se trata sobre todo de escuchar, de sonreír (sonreír a través del teléfono, aunque no puedan verte, para que la voz suene agradable) y luego, derivar a otro lugar... o, sencillamente, dar largas. Como nos contaba una compañera en una de nuestras derivas: "intentas hacer las cosas lo mejor que puedes, pero es que no lo puedes hacer bien, si es que no es tu trabajo. Sólo es aguantar, entonces, eso sí que es duro, pues que alguien te esté contando algo, realmente, que te da pena, que se quede sin teléfono dos días y no poder decirle, pues mire, dese de baja, porque no se lo vamos a solucionar, entonces, simplemente, pues darle largas, decirle que vas a hacer todo lo que puedas..."[3]. La empatía queda así reducida a pura sonrisa telefónica. ¡Que se lo digan a Mara en Hablar por hablar!
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