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Ich habe Jungs in Nepal gesehen, im Kathmandu-Tal, unter dem Schatten des Everest und einem entfernten Regenguss durchnässt man die Knochen, jagen einen Ball mit den Füßen durchbohrt, dass Sie strebten nicht in den Pfützen zu ertrinken; Ich legte in den Bergen von Ecuador, fast bis zur Höhe, in der die Welt zwischen diesen oben und unten aufgeteilt wird, eine Gruppe von Kindern treten eine Flasche schütteln und zu feiern, wenn sie in der Lage, zwischen zwei Polen geben Sie waren; Ich habe in einem Spiel mit Namibia Himba in einem Feld voller Steine gespielt, Dies drohte zu Ihnen Fleisch bei der ersten Berührung reißen, in denen einige der Gegner spielte barfuß; Ich habe in Sambia gekreuzt, mit dem Eingang des Kafou Park, eine Schule, wo Dutzende von Studenten, die nach etwas, das ein Ball aus Stoff sein vorgab; Ich habe ein Interview in Südafrika, Kapstadt, ein Team von "Township" Langa in einer glänzenden Coaching-Bereich, in dem Kondome auf dem Rasen waren überfüllt; Ich nahm an einer Party in Buenos Aires, in dem Gebiet zwischen der berühmten Boca Juniors Barra Brava von der 12, in denen Tausende von Menschen begannen zu zwei Stunden vor der Sitzung zu werfen und ging 2 Stunden Prellen zu Bett; Seit Jahren war ich Co-Schöpfer von einer regionalen Zeitung in Madrid Fußball, wo jeden Sonntag würden wir demütig Orte, an denen nichts verlost, um den Bus zurück nach Hause bezahlen.
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He visto a chicos en Nepal, en el valle de Katmandú, bajo la sombra del lejano Everest y un aguacero que te empapaba los huesos, perseguir con los pies una pelota pinchada que se esforzaban en que no se ahogara en los charcos; he contemplado en las montañas de Ecuador, casi a la altura en la que se divide el mundo entre los de arriba y los de abajo, a un grupo de niños sacudiendo patadas a una botella y celebrando cuando eran capaces de introducirla entre dos palos; he jugado en Namibia un partido con himbas en un terreno lleno de piedras, que amenazaban con rasgarte la carne al primer roce, en el que algunos de los oponentes jugaban descalzos; he cruzado en Zambia, a la entrada del Kafou Park, por un colegio en el que decenas de estudiantes corrían tras una cosa que simulaba ser un esférico de trapo; he hecho un reportaje en Sudáfrica, en Ciudad del Cabo, de un equipo del “township” de Langa que entrenaba en un lustroso campo en el que los preservativos se agolpaban en el césped; he asistido a un partido en Buenos Aires, en el campo de Boca Juniors entre la famosa barra brava de la 12, en el que miles de personas comenzaban a botar dos horas antes del encuentro y se marchaban dos horas después botando a la cama; he sido hace años co-creador de un periódico de fútbol regional de Madrid en el que cada domingo íbamos a sitios muy humildes en los que rifaban cualquier cosa para pagarse el autobús de vuelta a casa.
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