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Nancy y Lacoue-Labarthe nos piden que confiramos a este problema “el estatus de un concepto político” (Nancy y Lacoue-Labarthe, 1990, 299) que carga con un “estrato de la historia extremadamente preciso” (ibid, 298). El problema político de la imitación histórica en el contexto moderno no es sólo un problema de qué se imitará, es decir, la identidad, ni tampoco un mero problema de quién habrá de hacer la imitación, sino también, en primera instancia, un problema de quién o qué se genera o produce a través del acto de imitación. En otras palabras, se trata de un problema del sujeto para el cual los procesos de producción y reproducción de la vida están en juego desde el punto de vista político. La ubicación de ese “estrato preciso” identificado por Nancy y Lacoue-Labarthe resulta al final ser coincidente con lo que Foucault denominó biopolítica. No cabe duda de que, en la formación de la taxonomía moderna de la “diferencia antropológica”, hay un itinerario complejo que trazar entre el sujeto de la imitación y el sujeto creado por la imitación, que constituye la naturaleza “paradójica” de la “ejemplaridad estética” (Button, 2009, 276), y, sin embargo, lo que es importante retener aquí es que el poder mitológico del tipo como especie viva capta la naturaleza circular de la relación entre estos dos sujetos. La “historia de los ficcionamientos” propuesta por Nancy y Lacoue-Labarthe (Nancy y Lacoue-Labarthe, 1990, 299) es, pues, una historia de la taxonomía biopolítica: la historia que tiene lugar después de esa “entrada de la vida en la historia” que, como es bien sabido, Foucault identificó con el nacimiento de la biopolítica. Estos tipos no son representaciones de cosas dadas, sino proyecciones de un poder formativo, de un deseo, sobre la grieta entre el origen y la evolución histórica.
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