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Stechen wir in See und wiederholen wir mit Vološinov, dass jedes äußere Zeichen, welcher Art auch immer, von allen Seiten von anderen Zeichen umspült wird. „In diesem Meer von Zeichen“, sagt er, „wird es geboren, und dort lebt es weiter, denn das Leben des äußeren Zeichens verläuft in dem ständig sich erneuernden Prozess seines Verstehens, seines Erlebens und seiner Aneignung“, was für ihn gleichbedeutend ist mit „seiner immer neuen Eingliederung in den inneren Kontext“[2].
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Emprendemos la aventura retomando las palabras de Vološinov cuando éste afirma que todo signo externo, cualquiera que sea, está circundado por todos lados por otros signos. “En este mar de signos”, dice, “nace y sigue viviendo, porque la vida del signo externo se desenvuelve en el proceso continuamente renovado de su comprensión, su experiencia y su apropiación”; el propio Vološinov describe dicho fenómeno como “su incorporación constantemente renovada al contexto interno”.[2] Para la genética molecular, este mar de signos consiste en bases y pares de bases las cuales están circundadas por todos lados por ácidos o, mejor dicho, por ácidos nucleicos. La microscopia de este aparente caos primero distingue tres formas moleculares compuestas todas ellas por el mismo material de signos: cadenas de moléculas largas, duplicadas, de forma hélice, DNA; cadenas de moléculas menos largas, no duplicadas, sin forma de hélice, RNA; y agregados complejos conteniendo ambos tipos de cadenas, proteínas. Los elementos que componen estas cadenas pueden muy bien ser descritos; la genética los describe de la siguiente manera: cuatro bases formando dos pares determinados aglutinándose a los ácidos nucleicos, cuyo número actualmente está alrededor de los treinta. Un conjunto definido de elementos/signos generando y perpetuando la prosa del mundo los cuales, por cierto, no deben confundirse con elementos químicos de los que están a su vez construidos. Más que la construcción de estos signos (complejos) nos interesa aquí su dinámica porque, según Vološinov, la interacción es la mera realidad de los signos. “La vida -dice- empieza donde una expresión atraviesa a otra expresión”.[3] Bajo la perspectiva de la genética molecular, las cadenas de moléculas ocupan el lugar de la expresión, particularmente la cadena mas larga, DNA, que siendo duplicada puede separarse y de esta manera puede atravesar otras expresiones.
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