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Anmerken, dass „die Kultur Buenos Aires’ dank der neuen Generationen blüht und explodiert, welche nicht mehr von den Ängsten verfolgt werden, die die Superdemokraten quälten, die wir uns noch immer verpflichtet fühlen, die Demokratie, den Feminismus, den Reformismus, die individuelle, sexuelle, geistige Freiheit, die Freiheit der Prosa, die Freiheit von Soldaten, die uns bei nächtlichen Spaziergängen blutig schlagen wie sie es mit unseren Eltern taten, zu unterstreichen, aber die wir doch das Gewicht der Finger spüren müssen, die auf uns zeigen, Finger von Freunden, von Nachbarn, Finger, die uns befingern.“
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Garabateé como siempre muchas cosas en mi cabeza, en papeles, en el celular y en la compu antes de empezar a escribir esta despedida. No sabía si la mejor estrategia era hablar de lo que sentí durante todo el proceso de trabajo junto a ustedes, o si debía hacer un balance de la época, como un cronista calvo que da cuenta de los gritos que vienen desde la calle, desde mi cuadra. Dejar constancia de que acá, en el sur, las cosas se mueven como nunca para todos lados. Anotar que “la cultura de Buenos Aires explota y florece gracias a que las nuevas generaciones ya no tienen los miedos que nos aquejaron a los Superdemokráticos, a los que todavía nos sentimos obligados a subrayar la democracia, el feminismo, el reformismo, la libertad individual, sexual, de pensamiento, de prosa, de caminata nocturna sin militares sangrándonos como a nuestros padres, pero que sí debemos sufrir el peso de los dedos señalándonos, dedos amigos, vecinos, dedos dedeándonos”. De cualquier forma, no soy como ese mago enmascarado que revela sus trucos al finalizar el show, así que no estoy obligado a elegir tales recorridos argumentales, prefiero lo espontáneo.
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