wirklich leid – Spanish Translation – Keybot Dictionary

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Es tut mir wirklich leid.
Realmente lo siento muchísimo.
  christiananswers.net  
Stell es dir so vor: du hast gegen das Gesetz verstoßen und musst 50.000,- EUR zahlen. Du sagst dem Richter dass dir dein Vergehen wirklich leid tut, aber er antwortet: "Es soll dir auch leid tun - du hast das Gesetz gebrochen! Also, kannst du die Strafe zahlen?"
Piense en este ejemplo. Usted infringió la ley y enfrenta una multa de $50.000.00. Usted le dice al juez que siente mucho haber infringido la ley, y el juez responde que usted debe sentirse culpable por haber cometido un crimen. ¿Puede usted pagar la multa? El juez puede dejarle en libertad solo si paga la multa. Si otra persona paga la multa también le puede perdonar y dejarlo en libertad. Pero el juez necesita una razón para ponerle en libertad.
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„Es ist schade und es tut mir wirklich leid für Jonas Folger, aber es war nicht mit Absicht. Ich kämpfte um den Sieg und habe nur einen Fehler gemacht. Es war ein Rennunfall. Ich bin in der Meisterschaftswertung auf den dritten Platz zurückgefallen.
“Es una lástima y me siento muy mal por Jonas, pero no fue a propósito. Yo estaba luchando por la victoria y cometí un error. Fue un incidente de carrera. He regresado al tercer lugar en la clasificación del campeonato. Eso es lo peor.”
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Stell es dir so vor: du hast gegen das Gesetz verstoßen und musst 50.000,- EUR zahlen. Du sagst dem Richter dass dir dein Vergehen wirklich leid tut, aber er antwortet: "Es soll dir auch leid tun - du hast das Gesetz gebrochen! Also, kannst du die Strafe zahlen?"
Piense en este ejemplo. Usted infringió la ley y enfrenta una multa de $50.000.00. Usted le dice al juez que siente mucho haber infringido la ley, y el juez responde que usted debe sentirse culpable por haber cometido un crimen. ¿Puede usted pagar la multa? El juez puede dejarle en libertad solo si paga la multa. Si otra persona paga la multa también le puede perdonar y dejarlo en libertad. Pero el juez necesita una razón para ponerle en libertad.
  republicart.net  
So erzählte uns eine Genossin bei einer unserer Derivas[4]: "Du versuchst, die Sachen so gut zu machen, wie Du kannst, aber Du kannst es gar nicht gut machen, weil das nicht Deine Aufgabe ist. Es ist nur ein Aushalten; was hart ist, ist wenn Dir dabei jemand etwas erzählt, was Dir wirklich Leid tut, dass er schon seit zwei Tagen ohne Telefon ist beispielsweise, aber Du darfst ihm nicht sagen: geben Sie sich geschlagen, wir werden es nicht lösen können, also hältst Du ihn einfach hin und sagst, dass Du tun wirst, was Du kannst."[5] Die Empathie wird hier auf ein telefonisches Lächeln reduziert.
La Ilustración, así como los procesos de industrialización y urbanización (ligados a una creciente preocupación por la "higiene" de las poblaciones) produjeron en el control de la sexualidad femenina un tránsito paulatino de las sanciones religiosas a las sanciones legales, que incluyó en muchas áreas (Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia...) la regulación del intercambio de servicios sexuales por dinero. Fue así cómo apareció la prostitución tal y como la conocemos hoy en día, es decir, como ocupación o profesión especializada dentro de la división del trabajo del capitalismo patriarcal, y cómo ésta se restringió a determinados espacios y sujetos (dejando de ser un recurso ocasional de mujeres obreras y campesinas)[2]. La frontera entre la puta y la buena mujer quedó así construida de manera más rígida que nunca. Por lo tanto, si una mujer era una perdidilla (o de sexualidad rara o una madre soltera o una a la que le gustaba ir follando por ahí), se le decía puta y así se establecía una barrera clara que la excluía de otras opciones (claramente, de las funciones de esposa y madre digna). Aunque en principio no tuviera esta profesión, podía acabar muy fácilmente teniéndola. Salía del mercado matrimonial (el de las relaciones "normales", monógamas, reproductivas y subordinadas), y terminaba o en alguna institución (cárcel, patronato para jóvenes perdidas...) o en la calle, más exactamente, "haciendo la calle".
  eipcp.net  
So erzählte uns eine Genossin bei einer unserer Derivas[4]: "Du versuchst, die Sachen so gut zu machen, wie Du kannst, aber Du kannst es gar nicht gut machen, weil das nicht Deine Aufgabe ist. Es ist nur ein Aushalten; was hart ist, ist wenn Dir dabei jemand etwas erzählt, was Dir wirklich Leid tut, dass er schon seit zwei Tagen ohne Telefon ist beispielsweise, aber Du darfst ihm nicht sagen: geben Sie sich geschlagen, wir werden es nicht lösen können, also hältst Du ihn einfach hin und sagst, dass Du tun wirst, was Du kannst."[5] Die Empathie wird hier auf ein telefonisches Lächeln reduziert.
Por su parte, la atención como actividad diferenciada constituye un elemento nuevo. Esa capacidad de escucha y empatía tan asociada a los modelos de feminidad, pero también a las actividades concretas reservadas históricamente a las mujeres (tanto en los ámbitos del cuidado, como del sexo) se aísla como función específica y se pone a trabajar para la naciente industria de la atención, en sus diferentes variantes: telemarketing, televenta, teleasistencia, servicios de atención al cliente... De este modo, la atención, intercambiada por dinero en función de un patrón temporal de medida, se separa de la comunicación encarnada, aquella que produce relación duradera, confianza y cooperación, y da paso a un intercambio funcionalizado y no implicado de códigos (palabras y gestos). En este sentido, los relatos que hacen las propias teleoperadoras de su trabajo son suficientemente expresivos: se trata sobre todo de escuchar, de sonreír (sonreír a través del teléfono, aunque no puedan verte, para que la voz suene agradable) y luego, derivar a otro lugar... o, sencillamente, dar largas. Como nos contaba una compañera en una de nuestras derivas: "intentas hacer las cosas lo mejor que puedes, pero es que no lo puedes hacer bien, si es que no es tu trabajo. Sólo es aguantar, entonces, eso sí que es duro, pues que alguien te esté contando algo, realmente, que te da pena, que se quede sin teléfono dos días y no poder decirle, pues mire, dese de baja, porque no se lo vamos a solucionar, entonces, simplemente, pues darle largas, decirle que vas a hacer todo lo que puedas..."[3]. La empatía queda así reducida a pura sonrisa telefónica. ¡Que se lo digan a Mara en Hablar por hablar!
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So erzählte uns eine Genossin bei einer unserer Derivas[4]: "Du versuchst, die Sachen so gut zu machen, wie Du kannst, aber Du kannst es gar nicht gut machen, weil das nicht Deine Aufgabe ist. Es ist nur ein Aushalten; was hart ist, ist wenn Dir dabei jemand etwas erzählt, was Dir wirklich Leid tut, dass er schon seit zwei Tagen ohne Telefon ist beispielsweise, aber Du darfst ihm nicht sagen: geben Sie sich geschlagen, wir werden es nicht lösen können, also hältst Du ihn einfach hin und sagst, dass Du tun wirst, was Du kannst."[5] Die Empathie wird hier auf ein telefonisches Lächeln reduziert.
Por su parte, la atención como actividad diferenciada constituye un elemento nuevo. Esa capacidad de escucha y empatía tan asociada a los modelos de feminidad, pero también a las actividades concretas reservadas históricamente a las mujeres (tanto en los ámbitos del cuidado, como del sexo) se aísla como función específica y se pone a trabajar para la naciente industria de la atención, en sus diferentes variantes: telemarketing, televenta, teleasistencia, servicios de atención al cliente... De este modo, la atención, intercambiada por dinero en función de un patrón temporal de medida, se separa de la comunicación encarnada, aquella que produce relación duradera, confianza y cooperación, y da paso a un intercambio funcionalizado y no implicado de códigos (palabras y gestos). En este sentido, los relatos que hacen las propias teleoperadoras de su trabajo son suficientemente expresivos: se trata sobre todo de escuchar, de sonreír (sonreír a través del teléfono, aunque no puedan verte, para que la voz suene agradable) y luego, derivar a otro lugar... o, sencillamente, dar largas. Como nos contaba una compañera en una de nuestras derivas: "intentas hacer las cosas lo mejor que puedes, pero es que no lo puedes hacer bien, si es que no es tu trabajo. Sólo es aguantar, entonces, eso sí que es duro, pues que alguien te esté contando algo, realmente, que te da pena, que se quede sin teléfono dos días y no poder decirle, pues mire, dese de baja, porque no se lo vamos a solucionar, entonces, simplemente, pues darle largas, decirle que vas a hacer todo lo que puedas..."[3]. La empatía queda así reducida a pura sonrisa telefónica. ¡Que se lo digan a Mara en Hablar por hablar!
  transversal.at  
So erzählte uns eine Genossin bei einer unserer Derivas[4]: "Du versuchst, die Sachen so gut zu machen, wie Du kannst, aber Du kannst es gar nicht gut machen, weil das nicht Deine Aufgabe ist. Es ist nur ein Aushalten; was hart ist, ist wenn Dir dabei jemand etwas erzählt, was Dir wirklich Leid tut, dass er schon seit zwei Tagen ohne Telefon ist beispielsweise, aber Du darfst ihm nicht sagen: geben Sie sich geschlagen, wir werden es nicht lösen können, also hältst Du ihn einfach hin und sagst, dass Du tun wirst, was Du kannst."[5] Die Empathie wird hier auf ein telefonisches Lächeln reduziert.
Por su parte, la atención como actividad diferenciada constituye un elemento nuevo. Esa capacidad de escucha y empatía tan asociada a los modelos de feminidad, pero también a las actividades concretas reservadas históricamente a las mujeres (tanto en los ámbitos del cuidado, como del sexo) se aísla como función específica y se pone a trabajar para la naciente industria de la atención, en sus diferentes variantes: telemarketing, televenta, teleasistencia, servicios de atención al cliente... De este modo, la atención, intercambiada por dinero en función de un patrón temporal de medida, se separa de la comunicación encarnada, aquella que produce relación duradera, confianza y cooperación, y da paso a un intercambio funcionalizado y no implicado de códigos (palabras y gestos). En este sentido, los relatos que hacen las propias teleoperadoras de su trabajo son suficientemente expresivos: se trata sobre todo de escuchar, de sonreír (sonreír a través del teléfono, aunque no puedan verte, para que la voz suene agradable) y luego, derivar a otro lugar... o, sencillamente, dar largas. Como nos contaba una compañera en una de nuestras derivas: "intentas hacer las cosas lo mejor que puedes, pero es que no lo puedes hacer bien, si es que no es tu trabajo. Sólo es aguantar, entonces, eso sí que es duro, pues que alguien te esté contando algo, realmente, que te da pena, que se quede sin teléfono dos días y no poder decirle, pues mire, dese de baja, porque no se lo vamos a solucionar, entonces, simplemente, pues darle largas, decirle que vas a hacer todo lo que puedas..."[3]. La empatía queda así reducida a pura sonrisa telefónica. ¡Que se lo digan a Mara en Hablar por hablar!