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Parece como si se viviera en un proceso lingüístico de fabricación, una diferenciación en la denominación de actividades (lecken [lamer]), objetos (löffel [cuchara]), funciones económicas y sociales (laffen [comerciante]), así como rasgos de carácter (laffen [vanidoso]). Un complejo “proceso de metonimización”[2] está en marcha, el cual aparentemente deriva de una misma raíz todas estas denominaciones; en parte las pone en relación unas con otras y en parte, sin embargo, abre campos de asociación y simbolización distantes. Por lo tanto, la interlimitación temática de las expresiones no se borra (no son llevadas a la armonía), sino que se conserva superpuesta, como tensión, como diferencia. De la alternativa reunirse/diferenciarse surge una tercera: la relación. Es interesante cómo la función de los labios (en cierto sentido los “guardianes” de la entrada y salida en relación con el proceso de intercambio entre el mundo exterior y el interior corporal, así como espiritual-mental) se aplica en este caso: los labios y la boca se amplían semánticamente para la designación de un instrumento de suministro de alimento. La forma laffen, por otro lado, no se refiere sólo a las técnicas de toma de alimento (lamer, sorber), sino también a la eventual secreción vanidosa y superficial de contenidos semánticos: la lengua alemana, aún hoy, emplea la palabra labern [farfullar] para una charla no especialmente llena de contenidos. El adjetivo lapp se refiere a esa forma de conversación que se da, por decirlo así, en unas condiciones “poco esmeradas”; a un discurso, por lo tanto, que carece del momento de la estructuración, de la conformación activa. Este discurso se parece más al rumiar, al escupir de forma inconexa cosas no digeridas que al intento de convencer a alguien por medio de argumentos bien formados.
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