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Uno de los efectos principales de las distinciones de Hjelmslev consiste sin duda alguna en que éstas introducen la sustancia de la expresión (o bien, en la terminología que aquí propongo: las instancias de la expresión) en el horizonte de qué significan lo signos. En lo que respecta a la sustancia de la expresión, estamos en disposición de afirmar que incluso ya en el plano del análisis fonético “toda la musculatura de fibra estriada [la que dirige los movimientos voluntarios]”[22] participa en el ejercicio del lenguaje (¿y acaso pueden estos movimientos, en definitiva, disociarse del conjunto de las acciones corporales, de la propia existencia corporal?). Aun así es insuficiente detenernos sólo en el plano fonético: la sustancia de la expresión puede ser, en el caso del lenguaje escrito, una “sustancia gráfica”, y hay otras “sustancias” semejantes, por ejemplo “los códigos de banderas marítimos”[23]. En suma, el concepto de sustancia de la expresión remite así en última instancia a la existencia corporal de los locutores situados en un mundo histórico-político dotado de una estructura de sentido. Ahora bien, esta estructura está ciertamente sujeta a modos de “determinación” de lo más diverso, pero se trata de determinaciones que se corresponden con una facultad que se actualiza en ellas y a las cuales dicha facultad puede confirmar u oponerse en el plano de la expresión. No hay nada “auténtico” aquí, ya que las determinaciones corporales se inscriben constantemente en tales actualizaciones, de la misma manera que se perpetúan en ellas las estructuras de sentido preexistentes. En términos de Benveniste, la “relación con el mundo” expresada nunca coincide con la relación con el mundo que, en el lenguaje, pasa siempre por una “referencia interna” que está irreductiblemente ligada al acontecimiento del lenguaje en una situación concreta. Es indispensable, por esta razón, examinar las formas de la expresión no solamente por sus complejas relaciones de correspondencia con las formas del contenido —y éstas, a su vez, por sus correspondencias con las sustancias del contenido—, sino también por sus complejas correspondencias con las sustancias (o instancias) de la expresión.
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