|
|
Mientras, por un lado, la imagen de la creatividad, con arreglo a la cual se orienta hoy, por ejemplo, el mundo del trabajo, se presenta desfasada a ojos de las y los artistas, las y los artistas o las instituciones del arte reivindican al mismo tiempo la producción de saber a través de la figuración [Gestaltung]. Interpreto esa reivindicación ante todo como un rechazo de la libre finalidad del arte tal y como ha sido histórica y teóricamente definida y que se pone de manifiesto en su separación sistemática respecto al conocimiento y a la acción práctica. Muchas y muchos artistas no quieren –contra esa atribución tradicional por parte de la teoría estética– que su acción sea concebida como lo contrario de las operaciones racionales. Pero parecen entender el saber más como un conocimiento que se puede reformular en proposiciones antes que como la capacidad de exponer lo sabido como una argumentación lingüística. La cuestión de hasta qué punto debe ampliarse en rigor el concepto de saber al objeto de acoger la acepción a la que aquí se alude se impone en la misma medida que la cuestión de un criterio diferenciador del saber en las artes y en las ciencias. A mi juicio, el concepto de saber de las artes debe en buena medida ser determinado en su definición como saber práctico o como una modalidad particular de una aproximación al mundo de tipo práctico-cognitivo. Cabe entender el saber con Heidegger como un saber que corresponde «al ser del Ahí, que es esencialmente entender»[14] o, dicho de otra manera, como el saber que nos es dado a todos de antemano para orientarnos en el mundo –un mundo que es pensado por Heidegger en sus contextos singulares en tanto que dado en la aperturidad [vorerschlossene]. Heidegger escribe al respecto más abajo: «Y solo porque el Dasein [ser ahí, existencia], comprendiendo, es su Ahí, puede extraviarse y malentenderse»[15]. «Extraviarse y malentenderse» son modalidades del error, de lo que podríamos llamar falso saber. Así, pues, cabría pensar la posibilidad –desde un punto de vista teorético– de alcanzar al menos un saber adecuado, que en Heidegger no tiene nada que ver con la verdad del enunciado [Aussagewahrheit]; esto no acontece, pues, gracias a una mejor argumentación, sino más bien mediante el establecimiento de nuevas modalidades de acción. En este sentido, cabe entender el «arte en tanto que producción de saber» como la creación de modalidades concretas distintivas de aproximación al mundo, a sus contextos y sus objetos.
|