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Como decía Elias Canetti, “la música es la verdadera historia viviente de la humanidad, todos nos adherimos a ella sin resistencia pues su lenguaje proviene del sentimiento y, sin ella, no seríamos más que parcelas muertas” (La Provincia del hombre, Die Provinz des Menschen, Aufzeichnungen 1942-1972, Carl Hanser Verlag, Munic-Viena 1973). Todos estos textos, todas estas historias fascinantes, no estarían verdaderamente vivos sin sus correspondientes músicas. Recordar sólo en 160 minutos de música (debido al espacio disponible en dos CDs) las etapas fundamentales de la vida de Francisco Javier y, al mismo tiempo, referirnos a los momentos transcendentales de nuestra historia moderna, son objetivos que no podemos atender si no es a través de las músicas más significativas que, creemos o imaginamos, que los protagonistas de esos tiempos pudieran haber escuchado y amado. No son músicas descriptivas, son las músicas de corte hechas en Navarra, en España, en París, en Italia, músicas religiosas o profanas que nos hablan de acontecimientos históricos (Navarra, Pavía, Wittenberg), o que muestran el espíritu y el ambiente de la corte (Enrique VIII), de las villas (Venecia, París, Roma, Goa), o de los países (los tambores y los laúdes de África, el sarod y las tablas de la India, las flautas, la Biwa y el canto de Japón). La gran riqueza de los Cancioneros del Siglo de Oro y de Portugal, contemporáneos de Francisco-Javier, nos permiten reencontrar obras religiosas de Joanes Ponce, Juan del Encinar, Cristóbal de Morales y de autores anónimos, en español, latín y portugués que ilustran y se corresponden maravillosamente con el misticismo y la espiritualidad intensa de Francisco Javier.
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