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Bhabha spricht von der endlosen Übersetzung und Textualisierung als Wahrheit der Kulturen von „indigènes“, die als unübersetzbare Teile – als Narreteien, wie er sagt –, und indem sie in ambivalenter Weise den kolonialen Archiven einverleibt sind, in institutionalisierten Äußerungen der „diskursiven Form der Paranoia“ fortleben, die „direkt aus der in der Struktur der Kultur angelegten Forderung nach Imitation und Identifikation entsteht. Diese Art Wahn ist das archaische Überleben des ‚Textes‘ der Kultur, das heißt, die Forderung und das Begehren nach seiner Übersetzung.“[18] Am Beispiel dessen, was Adela aus E. M. Forsters A Passage to India in den Marabar-Höhlen geschieht („der Lockruf Indiens an die Eroberer […]: ‚[…] Komm! … Aber zu wem, zu was? Indien hat es nie erklärt. Es war keine Verheißung – es war eben nur ein Anruf.‘“[19]), beschreibt er kulturelle Differenz als eine „folgenschwere, wenn auch nur momenthafte Auslöschung des erkennbaren kulturellen Objekts im verwirrten Artefakt seiner Signifikation, am äußeren Rand der Erfahrung“[20], ihre artikulierte Öffnung zwischen kultureller Erinnerung und kolonialem Begehren – als kolonialer Unsinn, als beschriebener Klang eines schauerlichen Echos „O-u-bo-um“.
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No me parece en absoluto irrelevante, a estas alturas, poner de manifiesto que nosotros no consideramos ni perseguimos la posibilidad de una «memoria colectiva» del colonialismo entre «Europa» y «África» (y que intentamos además, siguiendo las voces de los testigos que irrumpieron desde Balamba[20], atravesar las respectivas «memorias colectivas», representadas, por ejemplo, por el Archivo nacional). Éste es un aspecto que me lleva a hacer una última referencia a lo que Homi Bhabba llama el «no sentido colonial» y con cuya potencialidad ha de contar asimismo como algo completamente central una pro-mesa [Ver-sprechen] para con un testimonio y que, a mi modo de ver, en nuestro caso no puede ser más que «idiomática». Bhabha habla de la traducción y la textualización interminables como verdad de las culturas de los «indigènes», que son incorporados como parte intraducible –como «chifladuras», según sus propias palabras– y al mismo tiempo de modo ambivalente en los archivos coloniales, subsistiendo en las expresiones institucionalizadas de la «forma discursiva de la paranoia», que «encuentran su origen en la exigencia de imitación e identificación inscritas en la estructura de la cultura. Esa especie de delirio es la supervivencia arcaica del «texto» de la cultura, esto es, la exigencia y el afán de su traducción»[21]. Sirviéndose del ejemplo de lo que le sucede a Adela en las cuevas de Marabar en A Passage to India de E. M. Forster, («la llamada de la India al conquistador [...]: [...] ¡Ven!... ¿Pero para encontrar a quién y qué? India nunca lo ha explicado. No era ninguna promesa –era lisa y llanamente una llamada»[22]), él describe la diferencia cultural como «una obliteración, preñada de graves consecuencias, por más que momentánea, del objeto cultural discernible en el confuso artefacto de su significado, en el margen más extremo de la experiencia»[23], y su apertura articulada entre recuerdo y afán colonial –como no-sentido colonial, como el sonido de un siniestro eco que nos es descrito: «O-u-bo-um».
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