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Los Borgia/Borja vivieron en una época intensamente marcada por una feroz y constante lucha por el poder espiritual y secular de Roma, centro neurálgico de la cristiandad, y sede del estado Vaticano. Desde las épocas medievales, el poder del papado estaba por encima de todos los poderes seculares; un rey excomulgado por el papa perdía la potestad divina para gobernar. Solamente el papa, como cabeza de la cristiandad, podía coronar como emperador a un rey cristiano. Como hizo Clemente VII con Carlos V en 1530. Recordemos también que los métodos políticos y las costumbres sociales de la vida eclesiástica romana en estas épocas, eran muy diferentes de las actuales. En aquellos tiempos (siglos XV y XVI), la contradictoria doble vida, humana y religiosa, que llevaba una parte importante del clero era conocida por todos, no como en nuestra época en la que, durante años, se la ha intentado negar e incluso silenciar. Los dos papas Borgia, pues, no hicieron más que continuar con los usos y costumbres basados en el Nepotismo y el Paternalismo; especialmente Alejandro VI, de quien se sabe que tuvo más de nueve hijos: Girolama, Isabel y Pedro Luís de madre desconocida, Juan, Lucrecia, César y Jofré de su primera amante Vannozza Cattanei, y dos más de la tercera amante “estable”, Giulia Farnese. Las peligrosas condiciones de la vida en el Vaticano en aquella época, obligaban a tener en su entorno un máximo de miembros de su familia, pues –por ejemplo– comer un plato cocinado y servido por un familiar de confianza podía ser indispensable para la propia supervivencia.
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