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SN: Da du den Wunsch, die Dokumente zum Sprechen zu bringen, ansprichst, der nicht zufällig von einem Historiker geäußert wurde: Tritt nicht genau an dieser Stelle, die vielleicht eine Art Schnittstelle zwischen Zeugnis und Dokument benennt, ein gewisser Bruch oder zumindest eine Differenz zutage, die die Auseinandersetzung mit Zeugnissen unter eine eigene Herausforderung stellt?
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SN: Tú te haces eco del deseo de hacer hablar a los documentos, que no por casualidad fue expuesto por un historiador: ¿no se pone de manifiesto en ese punto, que tal vez podríamos concebir como una especie de punto de intersección entre testimonio y documento, una cierta ruptura o al menos una diferencia, que supone un desafío específico en el trato con testimonios? Dicho de otra manera: ¿no se articula acaso en la frase de Marc Bloch el deseo, que siempre es característico de uno u otro archivo –o incluso de una superposición de archivos– mediante su inscripción en el logos (la «lógica»), de arrancar un «acontecimiento del habla» que dé acceso a otra modalidad de la presencia, a saber, la «voz» o las «voces», aunque sean las voces de los muertos? ¿Y acaso no se superpone siempre en el acto de dar testimonio un posicionamiento, con arreglo al cual podría lograrse escapar, tal vez no de los archivos en cuanto tales, pero sí al menos de su carácter implacable –a saber, encontrando oyentes que no superponen de inmediato o hasta tal punto el testimonio con el texto del archivo, esto es, que en cierto modo suspenden la transformación del testimonio en un documento? De esta suerte, el testimonio no tendría porqué ser absolutamente «auténtico» (y tal vez ni siquiera «posible»), sino que se caracterizaría por una inversión en una forma de socialidad distinta de aquella dominada por el archivo, una socialidad que al mismo tiempo no deja de ser siempre asimétrica y asincrónica. No obstante, por otra parte las diferentes formas de la sobrecodificación, como las que abordas, por ejemplo, en el caso de las codificaciones nacionales de la historiografía postcolonial, se verían inevitablemente expuestas –lo que colocaría a la «escucha» ante la tarea de interceptar y al mismo tiempo eliminar el ruido de esa sobrecodificación.
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