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(1) En primer lugar se plantea, sobre la posición del mediador, la pregunta por su confianza (crédito) acumulada. Este crédito puede contribuir a la estandarización, a la diferenciación del capital simbólico en distintos productos, que no tienen un contexto específico y que, por lo tanto, pueden colocarse en muchas interfaces distintas. Un ejemplo de ello son las lenguas formalizadas, las cuales se establecen como fundamento de las más distintas técnicas de dominio (matemáticas, estadística, programas informáticos, protocolos, informes de rendimiento de cuentas estandarizados). Para eso se requiere la acumulación del poder de negociación (como resultado de la conquista, pero también como resultado de formas más complejas de cooperación). Cuanto mayor es el poder de negociación, más probable será su efecto destructivo, la colonización y la explotación o represión simbólica de contextos específicos, ya que esos contextos son anexionados por una identidad mayor, un contexto estatal, un sistema de producción transnacional, etcétera. Podríamos denominar esta continua ampliación estandarizada del crédito de todas las formas de vida como la semiótica de los “liberales”. Esta semiótica juzga, sin diferenciarlas y siguiendo un mismo patrón, todas las formas de metamorfosis. Como ya hemos mencionado, no es éste el único modo en el que los lenguajes formalizados pueden constituirse. Cuando los matemáticos reflexionan sobre sus propias condiciones de partida y los límites de su actividad, se comprometen con la cosicidad de las cosas, con lo imprevisible, lo incontrolable. De ahí surgen, idealmente, formas completamente distintas de relacionarse con la confianza y con el problema de la “incertidumbre”.
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