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El asentamiento arquitectónico de la fachada con galerías ciegas y la presencia de estatuas (Cristo Redentor, los Arcángeles Miguel y Rafael, querubines y serafines y platos de terracota decorados, símbolo de hospitalidad) parecen sugerir influjos borgoñones, pero la estructura es claramente de tradición lombarda. La fachada probablemente se presentaba resplandeciente de colores intensos, con estatuas polícromas y jofainas de cerámica que reflejaban la luz del sol. El ladrillo cocido y la arenisca se alternan y los tres órdenes de galerías ciegas reavivan toda la estructura. En la puerta abocinada hay que notar en la luneta el bajorrelieve de piedra, que representa la Virgen sentada en el trono con la paloma del Espíritu Santo, el arcángel Gabriel y un fiel. La importancia del culto de la Virgen en Vezzolano es testimoniada por las iconografías que encontramos en el complejo, obras de arte que abarcan un período de casi dos siglos y que narran los episodios salientes de su vida en un ciclo completo. El elemento más sorprendente del interior es la tribuna sobre arcos (o “jubé”, francesismo que procede de la invitación latina “jube Domine benedicere...” que el predicador dirigía a los fieles) que atraviesa la iglesia de una nave a otra a la altura de la primera arcada, sin duda la obra más importante guardada en Vezzolano: una rarísima estructura arquitectónica, una de las pocas aún existentes en Italia, ya que muchas fueron eliminadas después del Concilio de Trento. Realizada en arenisca del Monferrato pintada, está formada por cinco arcadas de arcos ojivales y está sujetada por columnas de capiteles decorados con hojas, que sostienen un doble registro de bajorrelieves que representan, en la parte superior, las escenas de la Dormitio, de la Ascensión al Cielo y Coronación de la Virgen entre los símbolos de los Apóstoles, y en la parte inferior la sucesión de los antepasados de la Virgen que llevan en la mano una cartela con sus propios nombres. Es controvertida la interpretación de la fecha de 1159 en la inscripción dedicatoria que resulta muy anterior a los carácteres estilísticos de las esculturas y de la arquitectura de la tribuna misma, que los históricos del arte datan como posterior al año 1230. El excepcional valor artístico de la tribuna, al cual contribuyen también la preciosidad y la originalidad de los coloridos, con el uso del costoso y rarísimo lapislázuli de las montañas del Cáucaso (manto de la Virgen y del Cristo), convierte esta obra en un
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