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"Era del parere che il beatissimo luogo della Risurrezione salvifica, sito in Gerusalemme, dovesse apparire a tutti splendido e venerando. Perciò dava subito ordine di erigere una casa di preghiera, dopo aver progettato la cosa non senza il volere di Dio, anzi mosso interiormente dal Salvatore stesso… Egli dunque, animato dallo Spirito divino, non trascurò affatto quell’area che tanti materiali impuri mostravano occultata dall’astuzia dei nemici e che era stata consegnata all’oblio e all’ignoranza, né volle cederla alla malizia dei colpevoli; ma, invocato Dio suo collaboratore, diede ordine di sgombrarla. Pensava infatti che dovesse beneficiare, per suo mezzo, della magnificenza del Tuttobuono soprattutto quella stessa (zona) che era stata profanata dai nemici. Dato l’ordine, venivano subito demolite da cima a fondo le invenzioni dell’inganno e venivano distrutti e abbattuti gli edifici dell’errore con tutte le statue e le divinità. Né lo zelo si fermò qui, perché l’Imperatore comandò di portar via e scaricare lontanissimo dal luogo il materiale di pietra e di legno degli edifici abbattuti. E di nuovo al comando seguiva l’opera. Ma non ci si fermò neppure a questo, perché l’Imperatore volle dichiarare sacro il suolo stesso e comandò di fare nell’area uno scavo molto profondo e di trasportare la terra scavata in un luogo lontano e remoto perché insudiciata da sacrifici offerti ai demoni."(III, XXV-XXVII)
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"Le pareció necesario, dada su posición, devolver la magnificencia al lugar bendito de la Resurrección de Nuestro Señor para que fuera un objeto de atracción y veneración de todos. Por lo tanto, inmediatamente dio órdenes para que en ese espacio se erigiera una casa de oración: cosa que se hizo, no sólo bajo un simple y natural impulso de su propia mente, sino que fue empujado espiritualmente por el mismo Salvador… Acudiendo a la ayuda divina, dio órdenes para que el lugar fuera completamente purificado, pensando que las partes que hubieran recibido del enemigo el mayor grado de contaminación deberían recibir símbolos especiales, de acuerdo a sus medios, por medio de la grandeza de los favores divinos. Apenas sus órdenes fueron dictadas, esos factores de deshonestidad fueron destituidos de su orgullosa eminencia, y los lugares erróneamente elegidos, con las estatuas y los malos espíritus a los que representaban, fueron tumbados y destruidos… Pero el celo del emperador no se detuvo allí; sino que dio más órdenes para que los materiales que se destruían, tanto fueran de piedra como de madera, debían ser quitados y completamente destruidos, arrojados lo más lejos posible; y esta orden también fue ejecutada expeditivamente. El emperador, sin embargo, no se sentía satisfecho habiendo llegado a tal punto: una vez más, inflamado de santo ardor, indicó que la tierra misma debía ser cavada hasta una considerable profundidad, y que el suelo que había sido contaminado debido a las malolientes impurezas de la adoración demoníaca, tenía que trasladarse a otro lugar distante"(III, XXV-XXVII)
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