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Más conocidos fueron sus consejos sobre educación para ayudar a un hermano que se encontraba en crisis. Presupuesto que no había que ponerse lentes oscuros, porque de lo contrario no se podría ver el lado bueno que cada niño tenía y que, por otra parte, no había que creer que todos los jóvenes ya eran virtuosos, Don Reffo enumeró una serie de recomendaciones prácticas, fruto de su larga experiencia: “1. No vuelvas a llamar canallas a estos pobres niños, les haces mal incluso con sólo pensarlo. Intenta, en cambio, persuadirte que son mejores de lo que piensas y que todavía no los conoces suficientemente. 2. Toma las cosas con calma, tanto para amonestar, como para los castigar. Persuádete que se gana más perdonando que castigando. 3. Busca influir en los demás asistentes, con tu ejemplo y con tus palabras, para que traten con dulzura, y no más con dureza, a estos pobres niños. 4. Consúltate, caso por caso, con el Director, y está a lo que te diga, aún cuando no te parezca justo ni prudente; obedece y no te arrepentirás. 5. Última regla: la mejor, de hecho la única, aquella dada por San Pablo, brevísima pero eficaz, infalible: vince in bono malum (es decir: vence el mal con el bien). ¿Son malos? Ustedes sean buenos – ¿Son más malos todavía? Ustedes sean aún más buenos. ¿Son los peores? Ustedes sean los mejores, de una bondad excepcional, inalterable. Esta es la regla de las reglas”.
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