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Protettori degli umanisti e degli ebrei sefarditi (accolti a Roma, nonostante le proteste dell’ambasciatore dei re cattolici), Callisto III e soprattutto Alessandro VI furono anche grandi mecenati dell’arte e della musica, attività che nel ricordo furono inevitabilmente zavorrate dalle discutibili abitudini, dai metodi violenti e dalle estreme debolezze carnali che diedero origine ad una terribile leggenda nera che crebbe fino alla morte di Alessandro VI e si è conservata attraverso i secoli, deformando la visione della reale storia borgiana.
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Estamos, pues, ante unas personalidades de talla universal que, con sus grandiosas contradicciones y sus muchas debilidades humanas, tuvieron una existencia exuberante aunque llena de sombras, de violencias y de intrigas maquiavélicas (Maquiavelo se inspiró en los comportamientos de Alejandro VI, y sobre todo de César Borgia, para escribir “El príncipe”), fueron así mismo grandes defensores del poder supremo de la Iglesia, así como de la independencia política y territorial del Vaticano, además de hábiles negociadores en todas las cuestiones políticas y militares. Protectores de los humanistas y de los judíos sefardíes (acogidos en Roma, a pesar de las protestas del embajador de los reyes católicos), Calixto III y sobretodo Alejandro VI fueron también importantes mecenas del arte y de la música, actividades que en el recuerdo fueron lastradas por las discutibles costumbres, los métodos violentos y las extremas debilidades carnales que dieron origen a una terrible leyenda negra, en aumento hasta la muerte de Alejandro VI, y que ha perdurado a través de los siglos, deformando la visión de la historia Borgiana real. No olvidemos que esta leyenda se desarrolló a partir de una vida poco compatible con los principios, y el ejemplo que hubiese sido de esperar, de quien representaba en la tierra la cabeza espiritual del cristianismo. Una vida demasiadas veces manchada de sangre (asesinatos), de actos violentos (venganzas) o depravados (orgías y bacanales), e incluso sacrílegos (torneos sexuales en los aposentos papales durante las fiestas del día de los muertos), y que siendo excesivos, no eran tan diferentes de lo que sucedía en las otras noblezas itálicas. A partir de estos hechos reales, la vida y la reputación de los Borgia se verán aún más oscurecidas, con acusaciones exageradas o falsas, a menudo lanzadas a la opinión pública como defensa o venganza por decisiones y actos políticos que causaban gran prejuicio a los principales clanes del poder en la Italia del momento.
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