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Tito Livio escribe que, durante el reinado del quinto rey de Roma, Lucio Tarquino Prisco, un gran contingente de galos invadió la península itálica. El primer grupo con el que se encontró fueron los etruscos que habitaban entre los Apeninos y los Alpes. Por aquel entonces, la principal potencia entre los galos transalpinos eran los bituriges, dirigidos por Ambicato. Debido a la superpoblación que padecían los galos, Ambicato decidió enviar a los hijos de su hermana, Beloveso y Segoveso, a colonizar nuevas tierras y a luchar contra cualquiera que intentara impedírselo. Tras escuchar los consejos de los augures druidas, Segoveso se dirigió hacia el bosque de Hercinia, mientras Beloveso penetraba en la península itálica. Ningún galo había atravesado los Alpes hasta entonces, pero con el apoyo de los griegos de la cercana ciudad-estado de Masalia, Beloveso logró completar este viaje tan peligroso. Las tribus galas llegaron a las tierras de los etruscos y, al ver que estos no se les oponían más que con una milicia armada, masacraron a sus guerreros y se establecieron en la zona, a la que bautizaron como "Insubria". Poco después tuvo lugar una gran batalla a orillas del río Tesino, donde los galos, que ahora se hacían llamar insubres, habían fundado el asentamiento de Mediolano. Utilizando la ruta abierta por Beloveso y los bituriges, otras tribus penetraron en la península itálica por los Alpes, entre ellas las de los senones, que acabarían saqueando Roma.
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