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Naturalmente, un saggio Presidente avrebbe promosso fra i suoi compatrioti l'interesse alle questioni internazionali e li avrebbe incoraggiati a volgere lo sguardo sul grande mondo; ma averli gettati nel bel mezzo di una rissa di cani, come ha fatto Roosevelt, questo criminale, è stata pura follia.
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Nuestro aliado italiano nos ha obstaculizado casi en todas partes. Eso fue lo que nos impidió, en África del Norte, por ejemplo, iniciar una política revolucionaria. Por la tuerza de las cosas, ese espacio se convertía en una exclusiva italiana, y en realidad, con ese titulo lo reivindicó el Duce. Nosotros, solos, hubiésemos podido emancipar a los países musulmanes dominados por Francia. Y eso habría tenido una resonancia enorme en Egipto y en el Cercano Oriente, subyugados por los ingleses. Por haber ligado nuestra suerte a la de los italianos, tal cosa se tornó en algo imposible como política. Todo el Islam vibraba con el anuncio de nuestras victorias. Los egipcios, los iraquenses y el Cercano Oriente se encontraban listos a sublevarse, todos juntos. ¿Qué podíamos hacer para ayudarlos, para empujarlos, en caso indispensable, como hubiera sido - nuestro interés y nuestro deber? La presencia a nuestro lado de los italianos nos paralizaba, y creaba un malestar entre nuestros amigos del Islam, porque no veían en nosotros más que a cómplices, voluntarios o no, de sus opresores. Ahora bien, los italianos, en esas regiones, son más odiados todavía que los franceses y los ingleses. El recuerdo de las bárbaras represalias en aquellos países sigue aún viviente. Y, por otra parte, la pretensión ridícula del Duce de que se le considere como la Espada del Islam conserva el eco de la enorme carcajada burlona que provocó antes de la guerra. Este título, que conviene a Mahoma y a un gran conquistador como Omar, se lo hizo proclamar Mussolini por unos pobres diablos a quienes había pagado o aterrorizado. Había una estupenda política por emprenderse con respecto al Islam. ¡Se nos echó a perder!, como tantas otras cosas que se nos echaron a perder, ¡por fidelidad a la alianza italianal!
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