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È vero, come sottolinea l’Esortazione postsinodale sulla Parola di Dio, che Dio risponde alle nostre domande più profonde, che bisogna mostrare che la Parola di Dio non mortifica i nostri desideri più autentici; ed è pure vero che «è importante per il nostro tempo scoprire che solo Dio risponde alla sete che sta nel cuore di ogni uomo» (Verbum Domini, n. 23).
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En relación a las dinámicas de alteridad y de Revelación, la experiencia de Dios que se produce, más que sobre la línea del yo tengo necesidad de Dios, está en la línea del Dios me busca; que es una línea más profundamente bíblica. Es cierto, como señala la Exhortación post-sinodal sobre la Palabra de Dios, que Dios responde a nuestras preguntas más profundas, que debemos mostrar que la Palabra de Dios no ahoga nuestros deseos más auténticos; y también es cierto que “es importante para nuestro tiempo descubrir que sólo Dios responde a la sed presente en el corazón de cada hombre” (Verbum Domini, n . 23). Pero, si se queda demasiado en este enfoque de preguntas o deseos que se cumplen o de la sed que se satisface, se refuerza, de hecho, una posición de reivindicación de derechos frente a Dios, por los cuales el sujeto, en el fondo, se auto-exime del compromiso de dejarse encontrar allí donde Dios quiere encontrarlo. El Dios de la Biblia, de hecho, es ante todo el Dios que busca al hombre: “¿Dónde estás?” (Gen 3,9). Y el hombre es ante todo el buscado por Dios; a menudo es aquel que trata de escapar de Dios, pero que encuentra la verdad de sí mismo y la paz sólo cuando tiene el coraje de dejarse encontrar, cuando cede a la seducción: “Me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir; me has hecho violencia y has prevalecido” (Jr 20,7). Jesús, en el Evangelio, reafirma que la iniciativa no parte del hombre: “No me habéis elegido, sino que yo os elegí” (Jn 15,16). La parte del hombre, que también es importante y en cierto sentido decisiva, está marcada radicalmente por el hacerse disponible y acogedor; se podría decir: es una actividad radicalmente atravesada por la pasividad. Desde un cierto punto de vista (el punto de vista educativo) se parte del sujeto (de su protagonismo, precisamente, de su ser sujeto), pero es un partir que, ya desde un principio, tiene el sentido de ponerse sinceramente en juego y de exponerse a la iniciativa de otro.
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