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Mateo es mucho más que un cajero automático humano, sabe empezar una conversación con sus clientes y les motiva a continuar ahorrando, una interacción que no podría lograr un cajero. Anota a mano las transacciones de los clientes en sus libretas de ahorros, lo cual les sirve como un recibo, y también en una planilla. Después, cada noche Mateo transfiere la información del formulario a los sistemas de la cooperativa. Documentar cada transacción en dos lugares le facilita resolver cualquier disputa. En su recorrido, Mateo promueve también los productos de la cooperativa e inscribe aproximadamente 40 nuevos clientes rurales al mes.
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