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Nunca le hubiésemos creído, pero el leopardo decidió cruzar la carretera a unos metros de nosotros, con paso displicente y despreocupado. Xavier, conteniendo la emoción, pudo fotografiar bien a su primer leopardo, ése que nunca se olvida, como el primer león o el primer elefante.
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Nunca le hubiésemos creído, pero el leopardo decidió cruzar la carretera a unos metros de nosotros, con paso displicente y despreocupado. Xavier, conteniendo la emoción, pudo fotografiar bien a su primer leopardo, ése que nunca se olvida, como el primer león o el primer elefante. El felino había esperado hasta el final para despedirle de África, pues regresaba a España dentro de unos días. Nos reconciliamos inmediatamente con Mburo y su espectacular sabana nos pareció, čak, más espectacular. Era la venganza de la letra pequeña, la recompensa de las minúsculas expectativas.
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