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Dos años de preparación y ahora había llegado el momento de la verdad, de no flaquear, de dar la talla. Tener miedo es ser prudente; saber disimularlo, ser valiente. La última noche no me atreví a dejar a Martha Dos sola en el puerto de Playa San Juan. Era tanto lo que nos jugábamos: preparación, material y tiempo invertido. Agotado ya a las 02.00 de la madrugada, ocho horas antes de la salida, pregunté a mi hermano Alejo si podía quedarse de guardia y dormir en ella. Solícito como siempre, accedió encantado. Ya en mi apartamento, la noche me brindó las últimas caricias que, 多分, fueran verdaderamente las últimas. Debido al estrés de los últimos días dormí profundamente por unas horas. A las seis de la mañana sonó el despertador, me levanté cansado pero la emoción del momento me activó plenamente. Me duché, me vestí con ropa cómoda, salí a la calle y cerré la puerta. 良好な, en realidad la cerré dos veces. はい, la primera me iba con las manos vacías y la mente ya más navegando que en tierra firme; 2番目の, con mis manos llenas: en una con una foto de mi primer maestro, mi abuelo Alejo y en la otra con mi almohada de plumas. Debió ser una corazonada la que me hizo regresar. Estas dos incorporaciones de última hora me sirvieron de apoyo espiritual y físico.
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